11 diciembre, 2013

J. Enrique Cardona Chiapas: hay un reflejo vital entre poesía y poeta

                                                                El poeta J. Enrique Cardona Chapas

La poesía de Cardona Chapas indaga la trascendencia humana ante el silencio, el hastío, la imposibilidad y la muerte.

 
Ese otro que va por la ciudad no es un fantasma para el poeta, y si lo es, sin duda arrebatado a sido, salvado o simplemente nombrado del modo más humano en el poema. Esa sería la imagen para acercarnos a la poesía del poeta J. Enrique Cardona Chapas en su primer libro “Los dobles espejos” (1995), un libro que traza una mirada lejana sobre los días bajos entre la guerra fría y la quejumbre del hastío de cierta deriva ideológica de la década de mil novecientos noventa. Una poesía transparente, descriptiva, pero honda, y ese su acierto esencial: el ritual íntimo entre la realidad y quien la nombra, una furia agazapada, una ternura cuya vocación se contiene entre el pánico de los días difíciles. En cierto modo esta poesía es silencio y testimonio del silencio “sólo existe el vacío enorme/ de un tiempo ahogado en cenizas/ y el deseo/ de abandonar esta ciudad por otra ciudad/ como una ausencia en otra ausencia.”.



Y Cardona Chapas es de ese modo, silencioso; así ha trazado su mapa personal en estos últimos veinte años, buen lector de literatura y filosofía, esas son sus mayores inquietudes, sus saltos mortales de Homero a Hördelin a Pond a Kavafis a Broch, la insistencia en los retazos que tenemos de sus apreciaciones sobre Edilberto Cardona Búlnes; ha hecho su trabajo reseñando en artículos sus apreciaciones de un modo honesto como un lector que a nadie quiere iluminar, sino más bien encontrar entre el azar esas otras preguntas que alumbren su silencio.



Su segundo libro “La ruta del hastío” (2006) es la vuelta a encontrarse con aquel camino de sus primeros poemas o de sus primeras inquietudes y temas; sólo que es una poesía aún más personal, absorta en si misma pero no como acto literario, sino revelando en ese tono conversacional y reflexivo de sus poemas breves, un mundo más complejo aún, porque no sólo retratan estados mentales o emociones, sino que se aferran a la reflexión; en cierto modo materializan experiencias o instantes que no se evocan con inmediatez, sino que han sido sopesados en la duermevela de la conciencia; es así que la poesía de Cardona Chapas, está lejos de la acumulación de reflejos primarios de la realidad como materia prima del texto o como sorpresa, es más bien otra cosa: la suma de indagaciones y reflexiones sobre qué cosas o qué instantes pueden ser trascendentes para el hombre, y la trascendencia aquí no quiere leerse como eternidad, sino como juicio vital para encontrar más allá de la apariencia aquello que podemos salvar o que puede salvarnos para otra vez creer aunque al final seamos apenas unos seres que alimentamos el corazón para darlo de carnada a la muerte. En su poema sobre Hamlet, Cardona Chapas lo dice mejor, con desdén y humor: “una seria calavera/ con una seria sonrisa eterna” y luego en un verso aislado, redefine el lugar exacto, la geografía espiritual donde hemos sido convocados: “junto al insepulto cadáver de la felicidad”.



Les dejo fragmentos de una entrevista con el poeta J. Enrique Cardona Chapas y una muestra de su poesía.



¿Cuáles serían los momentos emblemáticos de su primera cercanía a la poesía?



Es difícil. No puedo decir en qué momento tuve claro el hecho de escribir poesía, pero si puedo decir que cuando empecé a leer poesía con una conciencia clara en los albores de la adolescencia, lo hice con una emoción que ahora me siento incapaz de concebir. Cernuda, Guillén, Eliot, Stevens, Kavafis, Ungaretti, Montale, Pavese, Pound, Jiménez, Neruda, Vallejo, Paz, Jaime Sabines, y muchos más, eran las puertas de un cielo onírico, estético, difícil de sintetizar.





¿Qué poetas hondureños son importantes para usted, ya que de algún modo motivaron sus inquietudes?



Guardo mucho agradecimiento con varios poetas hondureños, en distintos momentos, porque me ayudaron a descubrir una vocación poética y una vocación intelectual, y aunque ahora, muchos de ellos naveguen personalmente por rumbos distintos, es imprescindible mencionar para mí, a Livio Ramírez Lozano, José Luís Quesada, Rigoberto Paredes, José Adán Castelar, Galel Cárdenas, Nelson Echenique y David Díaz  Acosta, y en un proceso de amistad, desde la poesía a un conocimiento más amplio en el saber humano, a Segisfredo Infante. Como bien lo fue Ramón Oquelí que no fue poeta, pero en su biblioteca era común la buena poesía contemporánea y su sabiduría poética era igualmente asombrosa ya que era uno de sus placeres constantes.





“Los Dobles Espejos” es su primer libro. No encontramos en él un centro definido ¿A qué se debe?



“Los Dobles Espejos” es como el primer pecado de todo escritor joven que se atreve a dar luz sus primeros intentos literarios, sin que se tenga claro muchos aspectos poéticos y ni siquiera una posición intelectual frente a la existencia. De ahí que pueda resultar tan diverso sin una especie de centro discursivo,  tal vez de emociones dispares. Aunque de hecho la pluralidad en un contexto intelectual más amplio es vital para no repetirse.





Pienso que el libro se construyó como la suma de una producción dispuesta al azar, y en distintos tiempos; esa imagen se determina a primera vista, aunque tal detalle le da riqueza al libro.



Puede decirse que es un reciclaje poético de la adolescencia en un espacio de cinco o seis años (tenía veintidós cuando se publicó). La aparente distancia temporal son los avances en el conocimiento o en la forma de escribir poesía, con ciertos intereses enfocados hacia la realidad circundante, muy por encima del ensueño o la pura cursilería estética, que se viene dejando atrás de cada poema o página.





Creo que su libro “Los Dobles Espejos” es heredero directo de las poéticas hondureñas de los setentas y ochentas, aunque evoluciona en su manera de enunciación.



Si se fija uno quienes son los primeros poetas que lo orientan no es tan fácil sacudírselos. Desde los libros que te prestan a la opinión de cada uno sobre lo que es la poesía y cómo y qué tema debe escribirse. Los poetas que he mencionado eran los únicos por los cuales se podía tener acceso a la buena poesía, pero una poesía acorde a sus intereses poéticos. Más allá de estos préstamos de libros, las librerías nuestras no han sido de mucha ayuda para los intelectuales con afanes más serios, o con el deseo de conocer otras poéticas. De igual manera no soy tan ordenado, ni lo era para solicitar libros al exterior como lo hacen otros intelectuales hondureños para estar al día con lo que sucede en el mundo de la literatura. Mi conocimiento como que va más lento. De ahí que no haya otra herencia poéticas más que esa.





Nos habla de su producción literaria inédita



Pozo vacío con ideas que solo revolotean, versos aislados que no son llevados al papel. Más prosa que verso, más artículo que poesía y en un proceso de reordenamiento de intereses intelectuales es lo que me mantiene sin obras inéditas y más con hojas volantes.





¿Cuánta atención debe mostrar el poeta respecto a la técnica?



La técnica es vital ya que le permite al poeta evitar el facilismo, el cual se confunde muchas veces con la sencillez o la espontaneidad poética.

Es posible que por venir de una poesía como círculo cerrado me sienta más a gusto con cierta técnica de lenguaje y expresión precisa. Pero depende de igual manera de las formas en que se encierre la expresión poética para obtener una mejor atención de cualquier lector, que no sea la mera experimentación sin las reglas precisas para violentar ciertas normas. De hecho el crítico Francés Jean Cohen dice que el lenguaje poético es un anti código del lenguaje normal, depende solamente del escritor romper esos códigos a través de sus técnicas personales.





¿La experiencia de vida del poeta y la poesía conviven en franca armonía?



Desde luego, hay un reflejo vital entre poesía y poeta. El poeta escribe lo que siente, o escribe lo que aparentemente el mundo necesita. O se involucra en los viejos y nuevos temas de la humanidad para sentar su propia visión personal.  Lástima grande resulta que el poeta en el mundo actual vaya perdiendo su halo de misticismo, de misterio o de gurú y a la par surjan otros dioses peligrosos para el ser humano.





¿Con qué poetas siente cercanía generacional?



Con Fabricio Estrada, Salvador Madrid, Heber Sorto, Elisa Logan, Nelson Echenique, Rebeca Becerra, Rodión Amadeus, Yovani Rodríguez, Gustavo Campos, y además con otros cercanos a mi generación entre poetas y prosistas como José D. López Lazo, Leonel Alvarado, José Antonio Fúnes, Nery Alexis Gaitan, y David Díaz Acosta.





¿Qué piensa de  las relaciones generacionales en Honduras?



No las veo tan claras más allá de las amistades personales.





¿Hay alguna especie de compromiso entre el escritor y sus lectores?



Debe haberlo en el sentido de la calidad, de la producción y de la madurez para resaltar los intereses humanos, fuera de todo didactismo y de la autoayuda.





Hemos leído algunos trabajos suyos sobre la obra de Cardona Búlnes, es de los pocos escritores que constantemente hacen memoria de tan emblemático poeta…



El ensayo sobre Cardona Búlnes es un primer intento auspiciado por la intuición. Una calca a una obra que insinúa muchos ángulos para el estudio erudito y para la crítica literaria. Quizás en el futuro con mejores armas intelectuales y el acceso a la obra inédita se perfeccionen esos intentos y recordatorios. Pero me interesa la poesía hondureña escrita desde los sesenta del siglo pasado a la época actual para escribir un ensayo panorámico, como también aquellos poetas que por el mero goce estético nos preceden en la historia literaria como Molina, Domínguez, Cárcamo, Fontana, Paz.







POEMAS DE J. ENRIQUE CARDONA CHAPAS





LA CIUDAD QUE HABITAS



Miras la ciudad

al borde del paraíso

es una sombra deslumbrante en tus ojos.

Llevas su máscara.

Conoces las madrigueras de los lobos,

el harem donde remojan su corazón de ternura

y la hora exacta del escándalo.

La limpidez de los escaparates,

la calma engañosa de los parques públicos

y el insomnio de las estatuas.

Los días no tienen fin ni comienzo

sólo existe el vacío enorme

de un tiempo ahogado en cenizas

y el deseo

de abandonar esta ciudad por otra ciudad

como una ausencia en otra ausencia.







HASTÍO



Los huesos del alma triturados.

La vida sin su espejo

y el mundo visto sin espectador

semeja otra vez el vacío

cuyo oro no me sirve

mientras acuno la morbidez del perezoso,

del cadáver falto de ternura

buscando erguirse como una exhalación,

con su frío desdén

y esta manera de respirar

y morir con los ojos abiertos.







III



El joven príncipe Hamlet

ve que el destino es un bufón,

una seria calavera

con una seria sonrisa eterna.

Inventa la locura

para burlar los designios

y saborear la venganza

si es que la venganza

se puede saborear.

El juego de dados:

el azar nos es coraza

y el veneno, frío, espeso, inevitable,

entraña en la sangre

y su muerta memoria,

no escuchará al fin las honras y las glorias

del príncipe extraño.







OTOÑO



Se desprenden hojas secas de tu cuerpo.

Basta ponerse debajo para clamar

tu asfixia.

Entonces amo tu desnudez

esa transparencia única tras la cortina

que adopta formas deleitosas.

Algo estalla como un mar furioso

dentro de tu vestido falso.

Advierto perfumes que conducen

con ojos ciegos a ese monte vertiginoso.

Eres tú, mía

abierta

para ahogarme en esa morada

lejos de las bestias.



 

AYER EN LA TARDE



En los huecos de los barrancos

escuchaba risas llantos confusiones

y vi las serpientes encantadas.

Las dulces mesas fueron de pájaros alegres

y me preguntaba por qué borran las imágenes

sudadas en las vidrieras.

Gritaba mi nombre en lo alto y no había eco.

Recordé una niña que iba sonriendo por las calles

y al ver mi rostro sus ojos se volvieron tristes.

Ayer en la tarde en un canto decía:

¿Qué estoy haciendo aquí?





POEMA PARA RECORDAR UN DÍA



Amaneció.

Un fantasma ronda cerca como un ángel.

Los perros llenaron la oscuridad de lamentos

después de husmear los demonios.

A través de un cristal polvoso,

miro el mundo donde nací

una mañana de cometas fugaces.

Entro al umbral de una mansión

donde no hay habitantes

sino candelabros de un fuego íntimo y desaparecido.

Escucho las campanas

mientras, muere la tarde

en vertiginosos instantes

y se hunde el sol

y se borran las cosas queridas

las cosas que por su nombre llevan mi rostro.





LOS VAGABUNDOS



En esta hora

ardiendo en la punta del día

los vagabundos duermen en el centro de la ciudad.

Bajo la mirada impasible de los transeúntes

se desperezan como serpientes

y huyen hacia otros lugares

en busca de los caminos no andados

para luego desaparecer

en las fauces de la noche.