07 septiembre, 2016

Yolany Martínez: nadie podrá pronunciar dos veces el mismo verbo

La poeta Yolany Martínez

Una joven poeta y académica hondureña que reside en EEUU y que forma parte de la nueva generación de poetas que emergen en el panorama literario actual.

No me gusta hablar de “poesía escrita por mujeres”, esa categorización me parece tan mezquina y rancia, hablo de poesía, esa voz universal que elige a quien desea escucharla o escribirla.

Por supuesto que la sensibilidad de las mujeres, su situación y realidad en el mundo patriarcal moldean miradas estéticas y posturas cuya percepción siempre ha sido luminosa y sólo parece equivocada y radical cuando otros hombres y mujeres son retrogradas. Cuando tienes los pies en el mundo y no vives en una burbuja literaria entiendes la vida, y por supuesto comprendes y escribes mejor la literatura.

Aún Clementina Suárez causa escándalos en esta sociedad decadente con aires de postmodernidad, pero que es más vetusta que la misma cal con que se maquillan los retretes de la historia. Aún se ve de reojo a Ángela Valle, su poderosa palabra signando la fuerza de la dignidad y hay quienes le niegan su lugar a Amanda Castro, esa hermosa poeta e incansable gestora cultural. Aún decimos “hay buenos poetas en Honduras y también hay mujeres que hacen buena poesía”, pero a estas alturas negar el lugar de extraordinarias poetas como Armida García, Rebeca Becerra o Mayra Oyuela (por mencionar tres nombres) es borrar nuestra poesía y estúpidamente tratar de opacar un universo que por sí mismo posee su propia dinámica de existencia.

Yolany Martínez es una poeta que ha venido fundando su voz en los últimos diez años, su vida ha estado ligada a sus inquietudes académicas; su paso en el circuito cultural hondureño ha sido muy discreto, parece que no gusta de capillas, ni de etiquetas, ha creído en su poesía y ha caminado con ella.

Martínez es una de esas voces que se ha inclinado por el erotismo y desde la trinchera misma de su cuerpo ha cantado el deseo, pero también su circunstancia como creadora, como mujer y voz sensible entre la desesperanza “… la suma de tropiezos invisibles/de golpes en la cara que nos dan ciertas palabras/ hasta que uno crece en sí mismo /y convierte la dureza de ciertas voces /en fósiles sin nombre.”

En 2006 publicó su primer libro de poesía “Fermentado en mi piel” sus poemas de estos años no son los mejores, aunque en ellos ya encontramos un centro definido que va a determinar una mirada permanente en la poesía de Yolany Martínez: el erotismo. De algún modo en ese libro la irreverencia es su mayor arma y la poeta nos ve de frente para dejarnos claras sus razones al usar una fotografía de un desnudo de ella misma como portada del libro. Le seguirá el poemario “Este sol que respiro” en 2011. En los poemas de su último libro “Espejos de arena”, Martínez encuentra una voz poética mucho más reveladora que en sus libros anteriores y el erotismo se decanta, se nutre no sólo del instante donde el deseo se culmina o alcanza su radiante belleza, sino que toca cada instante de la vida cotidiana, se vuelve una manera de ser y de asumir el mundo en todo su sentido, su poesía roza otros signos, el sentido poético se dispersa, la descripción del deseo adquiere otro matiz, no sólo desafiante e inclinado en el instante de la posesión del otro ser o de la entrega misma como prueba de una libertad individual consciente, si no que convoca su existencia total, su devenir entre las muchedumbres, su silencio entre los otros silencios, su razón entre otras razones, su deseo entre el mundo que señala y corrige, que estigmatiza y la revelación del deseo como un poder superior.

El cuerpo elegido en los poemas de Martínez, es la evidencia de una libertad que desea ser explicita porque no se trata del deseo en sí mismo, sino como una arma política y como evidencia de su razón humana ante la historia, y eso me recuerda el sentido del erotismo en Clementina Suarez o en Ana Istarú donde la poesía erótica también se impregna de protesta o postura ante la vida o la historia como el bello poema de Ana Istarú, “Esta noche desposada” donde celebrando el deseo, la libertad y la maravilla de ser dueña de su vida y de su cuerpo, Istarú, se burla de esa exigencia social que pide que la mujer llegar virgen al matrimonio, y que alentó costumbres tan tenebrosas como la de colgar una sábana blanca en el balcón, al día siguiente de la noche de boda para mostrar la mancha de sangre como prueba de virginidad:  “Y cuando el día/ golpee en el vidrio de mi ventana / he de vestirme con mi sábana de desposada./ Que balcón soy./Para mostrar el paño blanco/tan blanco por la ventana,/tras esta noche de desposada.”.

Pero en esta poesía también trasiegan motivos dolorosos, la soledad, la despedida, ese otro universo que comienza en la pérdida, la materialización de una antigua nostalgia que se acumula en los seres humanos y que se intenta sobrellevar al encontrarse con el otro o con la otra. Yolany Martínez, con su poesía, dibuja el cuerpo del erotismo, hondo es su latido y no se permite la negación, ni el señalamiento, es decir, ha dignificado a los que aman, a los que extrañan, a los que prefirieron la herida y el salto hermosamente mortal del deseo, así lo signa su voz y su elección entre el tiempo “…en el galopar de la noche/donde serán errantes los civilizados/y los ciegos gobernarán las horas/en que prenda el fuego de tu boca”.


Yolany Martínez (Honduras) Ha publicado los libros de poesía Fermentado en mi piel (2006), Este sol que respiro (2011) Espejos de arena (2014). Algunos de sus escritos aparecen en las compilaciones Garage 69 (2010) y Poesía Molotov (2011) editadas por Mónica Gameros en la ciudad de México.
En el 2002 fue acreedora del Primer lugar en el “Concurso de cuento Arturo Martínez Galindo” en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Recientemente le fue otorgado el Primer lugar en el First Annual Poetry Night por el poema “Pájaros de sombra”, este evento fue patrocinado por la asociación Kappa Gamma Epsilon del Departamento de Lenguas Modernas de la Universidad de Oklahoma.
Ha realizado estudios en la Enseñanza del Inglés en la Universidad Pedagógica Francisco Morazán, y en las áreas de Literatura y Linguística en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Se ha desempeñado como catedrática universitaria En el 2011 culminó sus estudios de Maestría en Literatura Hispánica en la Universidad de Oklahoma, EEUU. En la actualidad es candidata al doctorado y hace presentaciones de ensayos de crítica literaria, así como lecturas de poesía, en diferentes conferencias dentro y fuera de los EEUU.





POEMAS DE LA POETA YOLANY MARTÍNEZ

II

Este sol que respiro
transpira por todo el cuerpo.
Se hace lava.
Desborda el volcán que por siglos
de los siglos era amén entre mis pechos.
Este sol, de mi cuerpo poseído,
provoca la palabra
que se vuelve mandamiento escrito en piedra.
Legua en lenguas de fuego.
Hace líquida la humanidad que llevo dentro,
esparce magma de norte a sur,
de mano a mano.
Este sol engendra  el milagro,
la savia
            que riega el cuerpo entero;
la tinta
            que en este papel
se hace llamarada.


PROFECÍA

A cal y canto
han sellado los poros
de esta casa.

No es el metal ardiente de Vulcano
que romperá las puertas
ni la fuerza inexorable de un cíclope las paredes.
No habrá ventana que ceda
ni techo que se levante de su medida.
Pasarán tormentas y asombrosos sucesos.
Habrá lluvia de estrellas y grandes luminiscencias.
La tierra abrirá sus fauces
y querrá pronunciarse en un grito seco.
Habrá sed, pero no de agua
sino de voz articulada.

En ese momento
vendrá la palabra precisa
se acumulará frente a la puerta
y se dispondrá a seducir los hierros
que el tiempo hubo liado
con óxido y veneno.
Mil ojos serán testigos
del torpe abrir de  bisagras
 y el desdoblar de la madera.
Su presencia será absorbida
en un profético empeño
y entonces
nadie podrá pronunciar dos veces el mismo verbo 
ni atrapar el infinito en un río de espejos
ni escribir el último verso.

Nadie podrá poseer la palabra precisa
porque ella habrá retomado posesión de esta casa
que antes
fue habitada por el silencio.


DEJARÉ CAER LA NOCHE


Dejaré caer la noche
sobre mis hombros desnudos
la cita a ciegas.
Dejaré tu olor
esparcido en la arena
como granos de cristal amorfo
bajo la intemperie
de este océano.

Nada se ha perdido en este asunto.
El orgullo
sin embargo
es la suma de tropiezos invisibles
de golpes en la cara que nos dan ciertas palabras
hasta que uno crece en sí mismo
y convierte la dureza de ciertas voces
en fósiles sin nombre
–que sólo sirven para efectos
de una arqueología personal–.

Dejaré caer la noche
sobre mis hombros desnudos
para que los vista de estrellas una mano nocturna
y extinga sin temores
los símbolos oscuros
que componen este cuerpo
fosilizado de palabras.


PRENDERÉ EL FUEGO


Prenderé el fuego
de tu boca
para iluminar los senderos
que me llevan a una estación sin tiempo.

Saciaré de ardor
los inviernos
que han sido envenenados
con la turbia oscuridad del frío.
Tu memoria no será más un cuerpo ambulante
incrustado en las paredes
como los fantasmas torturados de las cárceles.
Tu pasado se reconstruirá
en un tiempo presente
y serás tangible en mis labios.

Lo inhóspito de este páramo
–hecho de cuatro paredes–
se abrirá a tu presencia
en un concierto de cuerpos celestes.

Alcanzaré tu sombra
en el galopar de la noche
donde serán errantes los civilizados
y los ciegos gobernarán las horas
en que prenda el fuego de tu boca.


Y VINISTE CON EL VIENTO

Y viniste con el viento
con el canto de los pájaros
en plena cosecha.

Pregunté tu nombre
y murmuraste un suspiro.

Te pregunté a qué venías
y te asiste a mi pecho.

Y ahora me pregunto
¿A dónde has ido?

Beso tu beso
y abrazo con fuerza
tu cuerpo atemporal
para darme cuenta que estás conmigo
que traerte desde la memoria
es tenerte para siempre asido a mí
inmutable
inerte
a la astucia del tiempo.



02 septiembre, 2016

“El año del armadillo” de Martín Cálix, evocación íntima y canto colectivo

Fotografía del poeta Martín Cálix

Un poeta hondureño ganador del Premio Internacional de Poesía Martín García Ramos 2015


Martín Cálix es uno de nuestros poetas valiosos. Simple y transparente como la primera frase de este texto no hay que buscar dobleces en él, pues su autenticidad creativa y humana es bien conocida por su generación y por quienes hemos tenido la oportunidad de compartir conversaciones, ideas y lecturas con este creador.

Su trabajo poético ha puesto en el mapa internacional a nuestra poesía, bueno, y digámoslo de un modo ciudadano: le ha dado un nombre a Honduras, ese nombre tan opacado por la crueldad social y política de estos años.

El libro “El año del armadillo” fue considerado por el jurado como Premio Internacional; contiene dos partes, en la primera ganan los poemas de trazo narrativo, quizá los más valiosos; en la segunda parte gana el poema de verso libre, desde mi perspectiva menos logrado, pero qué encabalgados en la totalidad se vuelven guiños y alusiones a momentos de tensión de los poemas de la primera parte, y claro, están en ese capítulo algunos poemas en prosa que son los que terminan de rematar la tonalidad del libro, honda y marcada por una ternura que borra todas las fronteras.

En Gracias, Lempira, en un breve instante, el autor me confesó que el poema era una integridad que tenía un sentido de homenaje a sus ancestros familiares, esa noción de Cálix en nuestra conversación, no indicaba una arista de lectura sino más bien un dato clave de sus memorias en la vorágine de un presente complejo desde donde este magnífico poeta edifica sus discurso.

Poemas sustentados en la evocación, en esa anáfora que provee hilos poéticos, huellas, causes, indagaciones y aristas que sostienen al poemario en su totalidad; y es así, analizando la estructura que se aleja y regresa al mismo lugar (Ese lugar sagrado no por pertenencia sino porque nos descubre la pérdida) de un tiempo que ya no es el de los paraísos perdidos pues en el regreso el poeta no encuentra lo querido o alguna esencia que lo aliente, más bien se enfrenta a un voraz presente que destruye todo aquello que puede ser habitado por la nobleza humana o por lo que creímos casi sagrado por ser real y salvarnos de la orfandad.

Ese trazo leve cuya esencia se sostiene en la evocación, en lo que llega de la memoria, en lo que el olvido se permite no devorar para que sirva de harapo a la esperanza, ese trazo simple, es la columna vertebral del libro “El año del armadillo”.

Sin embargo la estructura no es tan unitaria como se percibe de entrada, ni su transparencia indica ingenuidad, pues el poeta ha sabido elegir qué recordar y entretejerlo con el presente; si bien el viaje de ida es lírico, hondo y cercano a un ritual, el regreso al presente es caustico y agresivo. Lo interesante es la resolución del poeta (de oficio narrador también) que ha sabido transpolar entre el texto poético varios trazos narrativos aislados, ideas inacabadas, imágenes oníricas de nuestra realidad inmediata tratadas con la sorna de la prosa y si uno se arriesga las puede identificar como cabos sueltos cuya existencia y libertad no irrumpen el devenir del poema, sino más bien lo habitan desde un presente.

En cierto modo podríamos decir que lo de Cálix se niega al sólo calificativo de prosa poética y más bien se estructura desde un sentido contemplativo que no desea escribirse con la pasividad y por eso recurre a estructuras narrativas que introducen acciones, datos y a veces un humor absurdo.  
Digo que si la esencia del poema es evocativa, gana más en cuanto que la voz poética que se oculta en el texto es narrativa, ojo con esto, no sucede igual en mucha poesía que elije esta estructura verbal para mostrarse pues siempre hay en el tono un afán casi ritual o de sacerdocio, una omnisciencia lírica que lo determina todo, que magnifica o borra a través de su voz, en este libro no sucede así, la voz (el yo poético) no es homogéneo en el sentido qué una veces lo sabe todo y otras veces lo describe todo porque no sabe más y entonces recurre a tratar de representar lo que de la realidad le interesa  (¿o es una voz que se transmuta? ¿O son dos voces: la del poeta que reclama la memoria y la del narrador que revela el presente?).

Este libro es otra de esas evidencias de la buena poesía que se escribe aquí, es lección para los incrédulos, es destreza dispuesta entre la literatura que no se trafica entre la decadencia de las academias y las denuncias desesperadas de las momias que gustan de la miscelánea cultural, tan estúpidamente talladas en el márquetin de quienes tiene por oficio la negación como resaca de su terrible aburrimiento y mediocridad. Enhorabuena, Martín Cálix, la poesía elige y toca, ese es el premio del silencio creativo y la constancia de una generación que ya comenzó a “salvar la poesía quemar las naves” como Zeller lo dijo entre la ferocidad de la nada, ese canto íntimo y colectivo.


Martín Cálix, poeta hondureño

Martín Cálix (Honduras, 1984) Ha sido publicado en la revista Mera V (3ra. Edición Febrero, 2012), en la 1ra Antología de cuento y poesía de La Fonola cartonera, Chile (2013), en el Dossier de poesía centroamericana comprometida de la Revista Hispanoamericana de Cultura OtroLunes, España (2013), en la Revista Ombligo, México (2014) y en la antología de poesía «Todos los caminos» (Atrapados en azul, 2014). Es ganador del XIV Certamen Internacional de Poesía Joven Martín García Ramos, 2015. Ganador del XXX Juegos Florales de Santa Rosa de Copán, 2016. Es autor de los libros «Partiendo a la locura» (Ñ Editores, 2011, segunda edición para Casasola Editores, 2012), «45°» (Ñ Editores, 2013), «Lecciones para monstruos» (90s Plaquettes, 2014) y «El año del armadillo» (DIFÁCIL, 2016) en España.


Portada del libro "El año del armadillo"


Fragmentos del libro “El año del armadillo” del poeta Martín Cálix

8

Entraba el viento del norte a nuestras cocinas, y con él, arrastrándose despacio, como llevando cadenas enormes, venía dejando regada la Vía Láctea  por todas nuestras cocinas aquel feroz armadillo.

Fue entonces cuando las viejas de donde nací, cuando entraba este viento, decían que estaban pensando en nosotros los muertos, hacían tres cruces al aire y guardaban silencio. Silencio, era todo lo que  podíamos hacer en ese momento.

Ellas arreglaban de prisa sus altares, prendían veladoras y rezaban.  Decían que así hablaban con ellos, que nada bueno traía este viento. Luego ellas barrían el suelo con sus largos pelos negros. Sus ojos, oscuros como el sonido de los cadáveres amontonados en las afueras del pueblo, habían quedado fijos en el crepitar de la tarde.           

Y en esa tarde sentenciaban ellas que los espíritus que daban felicidad a los nocturnos  sonidos del tiempo no morirían. Rezaban: Nacerán nuevamente y volverán a morir y otra vez nacerán. Y nunca, nunca dejaran de nacer, porque la muerte es mentira. Jamás esa promesa se hizo verdad.

Pusimos flores en las ventanas para que la estática no fuera a invadir nuestros corazones. El almendro comenzó a quedarse mudo, de repente ya no quiso dar frutos y sus hojas cayeron todas, el viento, despacio,  lo asfixiaba.

Las viejas salieron al patio y todas vieron como el almendro moría.   Nadie sabe, solo las viejas lo vieron, pero él fue el primer muerto ese año terrible y frio. 


9

La tarde en que murió el almendro una lluvia cayó sobre mi pueblo. Su olor, ahora de muerto, nos invadió por la noche.

El armadillo era un ser alado que iba dejando tirada la Vía láctea por las casas. Entraba por las cocinas y ahí dejaba una estrella gigante a punto de explotar. Pero la primera vez que lo vimos no fue en una  cocina, sino matando al almendro de nuestro patio. Y nos quedamos mudos frente a su sombra de esqueletos hambrientos, viendo como lo asfixiaba.

Comprendimos entonces el significado de la palabra muerte con cada hoja que caía de él. Luego de eso todos corrimos a escondernos y vos partiste. Yo tuve que recorrer este territorio vacío en medio de la peor intemperie que jamás vi, buscándote.

El armadillo se colgó de los sueños que teníamos y nadó su sombra entre los restos del amor. La fuerza de su latido era el réquiem de los pájaros de alas rotas en sus secretos de alambres electrificados bajo el tiempo del frío y un inventario del pánico antes de su llegada.

Nos escondimos por temor a su mirada, porque su color nos cortaba la sangre como se abre un hoyo en la tierra.


13

Los ríos enfurecieron.

Los días, agotados y trises, se fueron quedando atrapados en la en la risa dormida de los ríos. Ellos provocaban que el corazón se escurriera todito, y entonces pudimos sentir que realmente estábamos vacíos.

Vacíos como los segundos luego de que los relojes se suicidaran todos y los segundos se declararon huérfanos, y nunca un minuto o una hora tardó tanto en nacer. Temimos entonces no volver a oír cantar a los grillos   mientras conversaran los espíritus del bosque, los tiernos lenguajes en que se comunicaban los árboles.

Fueron ellos los primeros en plantar un signo de resistencia aunque nadie entendería lo que insinuaban las alas dormidas de una estampida de hojas y el murmullo que hizo quebrar los cristales de la casa de la muerte.

Cuando los cristales de la casa de la muerte adornaron el vientre del último sueño caído comenzó la guerra. 



14

Este pequeño territorio de incertidumbre, adolorido por los escombros  de la felicidad y por la húmeda mirada del armadillo es devorado de repente.

Desde sus entrañas salen los hijos blancos de las arenas. Las almas de los árboles son pequeñas aves de vuelo esparcido por las pestañas de una mujer hambrienta.

La lluvia de muertos invadió la ciudad y los edificios empezaron a romperse.

La lengua de las iguanas se ha secado de tanto lamer la vorágine y el  recuerdo del frío, ahora todo yace en una pequeña desolación ubicada en la boca del estómago. Se ha escrito la palabra “miedo” como primer  registro de un nuevo alfabeto, nos heredaron la muerte y de ella hemos hecho una casa para habitarla en medio de un sueño.

Las ancianas vieron el cielo y callaron, una luz profunda atravesó sus corazones, y ardieron todas, nuestras memorias incendiadas, la piedra solar que anclaba nuestros cuerpos a la tierra, y desde ese día comenzamos a flotar en la oscuridad.


15

Iba dejando la Vía Láctea regada por las cocinas. Iba barriendo las cosas hermosas para borrarlas. 

Solo él podía hablar con el fuego.

Corría el año del armadillo, corría tan de prisa con su sombra de esqueletos hambrientos que el mundo está de luto desde entonces. 

Cayeron mil almas con sus rostros a enterrarlos en el suelo húmedo.

Después de la muerte de todos los brujos, nadie más supo cuidar a los muertos, y los perros entonaron sus ladridos para acomodar los cuerpos en el cementerio.


Terminó así la más profunda contemplación del frío y la última lluvia del año se precipitó sobre nuestra ternura. 

19 agosto, 2016

Armando Maldonado, una voz poética que transgrede la calma de los días sospechosos

El poeta Armando Maldonado en una foto de Katy Cerda


El libro “Un poema que hable del mar” del poeta Armando Maldonado, fue publicado en El Salvador a principios de este año


Encontrarse un buen libro de poesía en Honduras siempre es una sorpresa; lo digo sin ironías pensando en el actual panorama de la poesía hondureña y su caricatura hipster, tan reciclada y ridícula, y lo peor de todo, en proceso de validación por otro grupúsculo de recepcionistas que se autodefinen como gestores culturales y especialistas en arte en los espacios culturales que ya conocemos; lo digo por un buen libro del joven poeta hondureño Armando Maldonado “Un poema que hable del mar” publicado para suerte de la poesía hondureña en El Salvador.

No está demás contar en esta breve nota que Armando Maldonado ha sido un buen gestor cultural, comprometido con la difusión de la poesía y la creación de espacios que acerquen a públicos y a lectores y viceversa; es reconocida su labor en PaíspoEsible, en talleres literarios de jóvenes creadores universitarios a inicios de este siglo, además de ser gestor del proyecto “Sociedad Anónima” un festival de poetas jóvenes cuyo objetivo era descubrir voces nuevas en la poesía hondureña que por algún motivo (casi siempre económico) no hubieran publicado sus obras; este festival tuvo una magnifica aceptación en su momento y muchos de los poetas que participaron hoy son parte del panorama creativo de la joven poesía hondureña.

Maldonado es un creador que ha tenido la virtud de la paciencia, ha cruzado la marea del realismo sucio, el golpe de Estado y su fantasma que condimenta la decadente bohemia del mundo cultural; lo mejor de todo es que se ha nutrido de todas las experiencias posibles, para luego definir los propios rumbos de sus lecturas y de sus posturas; creo que esto le ha permitido participar en la convulsión de un tiempo crítico, pero también formar un carácter individual que le permita apartarse, observar, reflexionar y escribir; acciones que sin duda van decantando el espíritu de un poema. No se trata de ningún misticismo, por supuesto que los que conocemos a Maldonado, estamos más prestos a celebrar su espíritu dionisiaco, su vida laica y no otra cosa. Este comentario intenta ir por una arista que es más personal en el poeta y quiere relatar un poco sobre el proceso creativo de Maldonado que sin duda hoy tiene buenas consecuencias: una poesía bastante cuidada en su sentido formal, el poema breve lleno de precisión y en un par de ocasiones con celebrada perfección, el distanciamiento de la realidad sin caer en la frialdad y mucho menos en la sola mirada, la exploración de la historia en los libros y no sólo en las experiencias cotidianas, el buen pulso para no rayar en lo conversacional, el riesgo y el esfuerzo por hacer una introspectiva de los elementos de la realidad con todas las armas posibles y entre ellas brilla una delicada intuición que es quizá la mayor ventaja de Maldonado en los poemas de estos años que son los que forjan su situación como navegante de los días sospechosos.

El libro “Un poema que hable del mar” está conformado de veinte poemas breves y apareció en la editorial La Chifurnia de El Salvador, dirigida por el magnífico poeta e inmenso gestor cultural, Otoniel Guevara, que ha sido amigo permanente de los creadores hondureños y que durante años ha promocionado la poesía nuestra de una forma desinteresada y amorosa, publicando la literatura hondureña e invitando a escritores a los festivales de poesía de El Salvador que son una ventana para asomarse a otros espacios y a otros creadores.

“Un poema que hable del mar” es un libro disperso en sus temáticas, totalmente ecléctico y perfila a un poeta que no sólo quiere discursar sobre su tiempo, sino definir una voz propia que le permita llevar el trajín de su propia sensibilidad.
Hay poemas valiosos como “Las confesiones de cualquier Lázaro” que quiebra la versión idealista de la resurrección y distorsiona el sentido de la segunda oportunidad hasta caricaturizarla como un acto de magia que no consideró preguntas sobre la vida sino sobre la muerte: “¿Qué pecado merece el castigo de dos agonías en un lecho febril?”.

Poemas que nombran instantes difusos, mundos cortazarianos y totalmente surrealistas como el poema “La Jirafa” que está perfectamente logrado como imagen y como estructura poético-narrativa, es cuento súbito y poema brevísimo. Poesía la de Maldonado que se deja seducir por la historia libresca, hundida entre las resacas del rock en español, diestra en evitar ser catalogada, capaz de discursar con desasosiego sobre su condición de poeta, y no sólo eso, capaz de martillar sobre la cabeza de su generación sin reclamo alguno y más bien describiéndola con desenfado y astucia, con un sarcasmo que permite la complicidad y el derrocamiento de esa imagen del poeta como vocero e imaginario de un tiempo y más bien lo plantea como un ser en crisis que se ha dejado arrastrar por los espejismos del tiempo o que se hunde en la alienación: “Acércate pequeño marinero de la muchedumbre, cuéntame de tus naufragios en la baba y el ron barato. Salpica todas las verdades y nos ataremos las manos con las flores que producen los sordos  y dentro de su gris folclor.”.

En este espacio le damos la bienvenida a la poesía de Armando Maldonado, la primicia de su libro es una noticia feliz y desde luego suma a la buena poesía, a otros hacedores que contra todo o contra la nada, dibujan ese mapa que será de los pocos tesoros que se lleve la esperanza en su paso hacia la historia. Qué bueno por Honduras, qué bueno por nuestra poesía.



Muestra poética del libro “Un poema que hable del mar”

Portada de "Un poema que hable del mar"



CONFESIONES DE CUALQUIER LÁZARO
I
Cuando cerré los ojos,
todas las orugas y polillas
acudieron a mi boca.
Era un ciego tanteando el aire
en un bosque joven de olivos.

II
Siempre supe que la muerte de un dios
habita en los huracanes y nada puede hacer un hombre
que va solo con el pecho desnudo hacia la tempestad.

III
Nunca fui el hombre viejo que quise,
bronceado mis últimos días en Malibu
cantando La Internacional a la hora de las noticias.

IV
La muerte nunca fue un problema para mis labios,
pero ¿Qué pecado merece el castigo
de dos agonías en un lecho febril?

V
La tumba es la única patria donde los himnos y las banderas
son las supersticiones de lo añejo
y nadie enarbola la esperanza de los caídos.

VI
He aquí mi mortaja para cubrir los mares
cuando el Armagedón quiera envenenarlos.

VII
Cuando la voz tronó al otro lado de la loza,
ya había instalado mi lámpara y mi radio
para escuchar el sorteo de la lotería.


PROFECÍA

Extiendo mis manos y siento abejas en los dedos
que zumban la profecía de los inviernos.

Sus aguijones son el recuerdo de un jardín inmóvil
en la memoria de los girasoles.


LA JIRAFA

La tinta
de Shen Du
se secaba
en el sueño
del emperador.
La jirafa
miraba sobre
la Ciudad Prohibida
y su lengua muda
advertía
de la guerra
y la caída
mientras
el emperador
se dormía
en la tinta
de Shen Du.


ÚNICA POSESIÓN

A todo hombre
le llegará el día
en que su única posesión
serán las fechas.

Las almacenará por las noches,
y quedará viendo el tiempo
pasar inerte detrás de una puerta.


DESCRIPCIÓN DEL ERRANTE

Escribir sobre un zombi  no es nada fácil.
No es de como chupar ojos
o como extraer un cerebro a mordidas.
No.
Fuera muy fácil hablar de eso.

Un zombi es un desolado, un caminante que come recuerdos
porque los suyos los perdió en la carretera.

Los zombis son angostos y con sonrisas invertidas;
les gustan los girasoles
y dormir de pie debajo de la sombra de los pájaros y su noche.

A los zombis les gusta caminar en círculos
y les da miedo las turbas que hierven de odio.

Los zombis son como recién nacidos,
con una lengua infinitamente muda
y ojos sensibles al mundo real.

Nos han dicho que al ver un zombi
no pensemos en nada
para que no olfatee nuestros recuerdos,
de extender los brazos
y hacer con los dientes
el sonido de una campana en llamas.

Lo que no nos dijeron de los zombis
es que son sabios que olvidaron sus anotaciones;
que caminan porque no se pueden enamorar,
que huelen la tristeza
y el único consuelo que tienen
es el tronar de la mandíbulas.

Escribir sobre un zombi no es fácil,
he dicho.
Es igual a que un zombi
describiese los ángeles después de la muerte.

DIALÉCTICA DE LA SEDUCCIÓN

Ven pequeño y señala con tu dedo a todos los que recitan los versos negros de la Perestroika.
Marx nunca fue tan ingenuo como en nuestros días.

Todo importa alrededor de tus manos,  el agua, el fusil y la carne incendiada en los caseríos del sur; sólo pronuncia lo innombrable y el fuego comerá los ojos de los herejes y todo rojo animal.

Ven y siéntate en la silla de los evangelios, donde los hombres son fuertes y tienen el perfil de las monedas romanas, súmate a la legión de los inmolados en el sexo y en las gargantas de  los pent-house´s.

Acércate pequeño marinero de la muchedumbre, cuéntame de tus naufragios en la baba y el ron barato. Salpica todas las verdades y nos ataremos las manos con las flores que producen los sordos  y dentro de su gris folclor.

Tu nombre es nombre de profeta, tu mano empuña la verdad. Solo señala en el mapa las montañas y la mano fría de Dios borrará hasta los cimientos de cada lengua o cada árbol o cada piedra.

No hay confesión en vano, igual como no hay guerra que se desdoble en el azul de las canciones de cuna.

Ven pequeño, no retrocedas, tus manos anfibias buscan un oro incendiario. Los cofres resoban y bajo las sábanas algo se humedece.

Ven pequeño, y te contaré la fábula de la Perestroika


ECLIPSE

De pronto me doy cuenta que todo pájaro
tiene el poder de dejarme ciego
cuando vuela cerca del sol.


MAÑA POÉTICA

Un par de lenguas se desangran en los pórticos
y las muchachas
desnudan a sus camaleones antes de dormir.

La ciudad calla mientras llueve.
La noche es un negro útero que envuelve las avenidas.

Alguien escribe.


EVA BRAUND

Eva Braund bebe té inglés
mientras se firma la ejecución de los judíos.

Eva Braund es una mujer vestida,
metal y plumas de halcón.

Se sienta todas las tardes
a ver la puesta de sol
y a sentir el aroma
que viaja como ruiseñores
desde los hornos de Auschwitz.

Juega con las orquídeas:
                        Guten morgen
                        Seil heil

Eva Braund no tuvo hijos,
sólo noches de encierro y bombas.

Eva Braund creyó morir de amor
en un bunker de Berlín.


SELFIE

Siempre quise ser un Aquiles que derribara ciudades con las miradas y hacer que las Helenas valieran todos los muertos de sus Troyas. En cambio tengo todas mis cóleras en botellas de vidrio y el esqueleto de un renacuajo doblado en mi billetera. Una canción aniquilante me acompaña desde el día que fui dado a luz; reconozco los lugares con la lengua como una bestia ciega, y cada noche es un oscuro dado que tiro con las uñas sobre mi cama.

De pronto tengo insectos en el pecho y mis ojos son de raíces de árboles frutales donde el agua desnuda su rostro al probar astros y gusanos.

Soy y he sido de sonido. Mis trastornos son de flores y leche oscura, mi cabeza es un nido de arañas de luz que tejen mis recuerdos y son devorados por las moscas. De niño fui una orquesta, la vida transcurría y mi abuela cantaba para alejar las voces de mi cabeza. Ya no soy un niño pero las voces enraizaron y  mi abuela no puede leer ya la partitura de esas canciones porque un velo de agua violenta le ha enturbiado la realidad.

Podría contar toda mi vida, contar por ejemplo que fumo demasiado y que nunca tuve una bicicleta, que nunca cultive claveles y que del amor he aprendido muy poco, poquísimo.

Podría, pero es mejor cambiar de espejo o de página, y leer un poema que hable del mar.



TEORÍA DEL CAOS

La T.V. nos cuenta la ciudad
como un gorrión de madera en un bosque en llamas.

Entonces atravesamos las calles
con revólveres y navajas imaginarias,
temblando de oídos
y diciendo rezos con un sabor
a café añejo en los labios.

Todo el que cruza a nuestro lado
es un maniático que abalanza nuestro espíritu
hacia un charco de agujas.
Los villanos de todos los cuentos,
son héroes mitológicos que refrescan nuestras frentes
con el tierno furor de las mentiras.

Hay una lágrima antigua en cada ojo de la ciudad,
una flema insondable
en cada garganta amanecida en el insomnio de las balaceras,
gritos amontonados al alba
y pájaros que presagian un día abominable.

Mientras tanto, en la casa de algún poderoso,
los vitrales siguen inmóviles, estupefactos.
Las trabajadoras domésticas hacen el desayuno,
revuelven los huevos,
tuestan el pan,
ablandan la mermelada
y recogen el diario de los jardines.
Todo para que en la mesa sea perfecto,
como una canción de verano en una isla.

Portada de "Así tu cuerpo" publicado en 2013

Armando Maldonado, Nació en Tegucigalpa en 1983; es poeta y gestor cultural. Fue fundador del grupo literario Máscara Suelta, miembro del Colectivo de Poetas PaíspoEsible y del Taller de Poesía “Edilberto Cardona Bulnes”; ha publicado “Así tu cuerpo” en 2013 y “Un poema que hable del mar” en 2016, ambas muestras de poesía fueron editadas por Editorial La Chifurnia de El Salvador. En 2013 recibió una Mención Honorífica en el Premio Bienal de Poesía “Rubén Darío” otorgado por el PARLACEN.