07 diciembre, 2016

Los seres del fuego



El poeta Rigoberto Paredes me lo dijo después de recibir una llamada del artista hondureño Delmer López para invitarlo a la quema de las chimeneas de Trinidad Santa Bárbara: “Tengo el orgullo de ser descendiente de un pueblo mágico, lleno de locos y pirómanos: Trinidad, Santa Bárbara. Soy de la tierra del fuego y de los locos” y yo le creí porque en ese tiempo ya había escuchado esas historias del fuego y me intrigaba esta gente blanca o morena, barbados, escandalosos, espontáneos y confianzudos. Con Rigoberto Paredes, uno de los mayores poetas de la historia hondureña, nos quedábamos horas a hablar de nuestra tierra, refugiados entre relatos fantásticos. Luego se ponía serio, cuando yo le decía que el triniteco Pecho de Águila Zelaya era más famoso que él. “Salvatore, ve a Trinidad y ahí te contarán la historia cuando yo siendo portero le paré un penal a Pecho de Águila Zelaya, así que somos igual de grandes…”. 

En Honduras hay celebraciones hermosas, pero pocas se comparan con la quema de la Chimeneas en Trinidad Santa Bárbara, una fiesta popular realizada por Teatro La Siembra y su coordinador, Delmer López, un espíritu inquieto, un hondureño amoroso y patriota que se dedica al teatro, la poesía, la música y la gestión cultural. Durante meses los trinitecos realizan esculturas gigantes de papel, madera y alambre, surgen formas hermosas que rememoran tradiciones, personajes, historias o discursan sobre temas de la realidad nacional; esas esculturas inmensas, algunas del tamaño de una casa o una iglesia, se exhiben durante tres días, y luego, en la noche del tercer día, son quemadas ante los ojos de la multitud; unas veinte mil personas esperan ese instante mágico alrededor del fuego. Esta celebración tuvo su origen en la conmemoración de la concepción de María, cada ocho de diciembre, cuando el pueblo de Trinidad encendía fogatas frente a sus casas y luego evolucionó a formas escultóricas que arden en el fuego que es el centro de la celebración y al que se suma el teatro, la convivencia y la fiesta popular callejera en uno de los pueblos más pintorescos de Honduras. En el momento de la quema intervienen los zanqueros de Teatro La Siembra, cuyos movimientos evocan aquellos rituales de los hombres alrededor del fuego, no sólo los primitivos, sino los actuales en nuestras aldeas, en nuestras celebraciones o instantes donde el fuego ese esencial. Las chimeneas son un regreso a los grandes relatos colectivos y a sus metáforas, simbolizan la semilla del fuego en el corazón de cada persona que asiste y que luego sigue su camino y cuenta lo que vio.

Las Chimeneas de Trinidad Santa Bárbara se exhibirán del 8 al 10 de diciembre; la quema se realizará la noche del sábado 10 de diciembre, un espectáculo magistral en un pueblo pacífico y hospitalario. Este año, algunos de los diseños de Las Chimeneas son obra de una promesa del arte nacional, el joven artista Cristian Gavarrete.  He realizado una entrevista al artista Delmer López para profundizar un poco más en esta tradición a la que deberíamos asistir todos los hondureños para acercarnos al fuego y traernos una semilla en nuestro corazón y de ese modo convertirnos en los seres luminosos de la esperanza.


El artista Delmer López en una fotografía de Ulises Alvarado 


ENTREVISTA CON EL ARTISTA DELMER LÓPEZ

SALVADOR MADRID ¿Cómo debemos entender las chimeneas de Trinidad, Santa Bárbara en su dimensión histórica y artística?
DELMER LÓPEZ: Al principio las chimeneas eran una expresión popular, religiosa y consistía en piras de leña y ocote que se encendían en este pueblo desde tiempos antiguos para conmemorar la concepción de María, cada ocho de diciembre. Significa para la fe católica una celebración de luz; pero también es un signo que marcó nuestra infancia ya que después de la quema del ocote se abre un espacio de convivencia entre las niñas, los niños y los adultos. En ese sentido el origen no es estético, sino religioso, popular y de un fuerte sentido comunitario, una celebración íntima, pero colectiva e inclusiva cuya esencia nos une alrededor del fuego.

S.M. ¿Cómo fueron las primeras chimeneas en Trinidad?
D.L. Todavía se mantienen: el 8 de diciembre se encienden las chimeneas de ocote. En otros lugares les llaman luminarias y siguen resguardando la misma forma, un conjunto piramidal de leña y ocote que arde frente a cada casa de familia antes los repiques de la iglesia que  llaman a misa.

S.M. ¿Qué alentó esa evolución: de fogatas encendidas con un sentido religioso a una expresión escultórica y performática, con un discurso estético y hasta político?
D.L. El hallazgo o la evolución de las fogatas a las primeras formas escultóricas, fue espontáneo, fue como descubrir un mensaje en el fuego que encomendaba que el ocote se transformara en otra cosa y es ahí donde entra el ingenio popular de la convivencia al alucinar o visualizar una creación alrededor de ese fuego; a esto se agrega la música y el teatro, especialmente la zanquería; es ahí donde ya podemos hablar de la naturaleza artística sin perder el elemento de la convivencia. Las chimeneas comienzan a tener un sentido de búsqueda y los jóvenes se apropian de formas cercanas a la escultura que junto con el teatro le dan un sentido más allá del significado religioso para discursar hacia otras perspectivas de la realidad local, nacional y de nuestras vidas que es lo que las sostiene ahora, o sea el discurso estético. Las chimeneas siempre resguardan el fuego para la purificación y el entendimiento de la memoria. Cuando comenzamos el proceso de revalorización de las chimeneas fue el descubrimiento de la convivencia de los barrios en el pueblo: la fiesta, la solidaridad, la alegría, el trabajo en equipo, comidas colectivas, era un paseo de barrio en barrio.

S.M.  ¿Las chimeneas de hoy son una interpretación artística de las primeras?
D.L. Yo creo que no; las originales siguen ahí y se encienden siempre: las nuevas se alimentan de ellas. La evolución proviene de la necesidad de los jóvenes de querer representar sus ideas y resguardar el fuego, porque es la luz libertadora, la luz que quiere nacer, que busca un sitio para nacer, y que luego es perseguida, esa luz es la que va a liberar a los pueblos, por eso hay tantos jóvenes haciendo chimeneas. El hecho que ahora sean esculturas gigantescas que tienen origen en aquellos fuegos primigenios del ocote no es una interpretación es una expresión en movimiento que encontró en el arte y en la expresión popular su propio camino. Aunque tienen origen en la fe católica, se han desligado de ella: hacemos las chimeneas no por una cuestión religiosa sino porque queremos expresar al mundo que descubrimos a través de elementos sencillos que nos permitieron darle forma a una idea y alrededor del fuego edificar algo más inmenso: obras de arte. Hoy son parte de una tradición local que ha trascendido y que al mismo tiempo nos enorgullece. Aquí nadie vino a enseñarnos como hacer esculturas de este tipo, es una búsqueda propia. Si no hubiese esas primeras chimeneas, esos primeros fuegos de ocote, ese fuego de la fiesta de la concepción de María no existiera esta expresión.




S.M.  El fuego es el gran edificador de las chimeneas y a la vez las consume, ¿En esa naturaleza efímera que podemos leer o descifrar?
D.L. El poeta Rigoberto Paredes decía que los trinitecos tenemos un alma pirómana, nos gusta el fuego y siempre esperábamos ese instante de las chimeneas de ocote; este fuego se resguarda para purificar, para sustentar que lo efímero permanece en la memoria colectiva y es ahí donde la obra de arte no se destruye y encuentra en el fuego un guardián. Las chimeneas pasan tres procesos, el primero es la elaboración; el segundo es verlas terminadas y hermosas, es aquí donde siempre se entra en conflicto pues mucha gente desea guardarlas, coleccionarlas o llevárselas pero la única manera que se las lleve es en su recuerdo como fuego y ese fuego hace que las chimeneas tomen otras formas; el tercer proceso es el momento de la quema donde sucede una catarsis colectiva: se grita, se canta, se dramatiza, se llora, es ahí donde el fuego adquiere su significado original: no se queman para ser olvidadas sino para ser resguardadas en la memoria y juramos ante ese fuego que las del próximo año tienen que ser mejores, juramos renacer de las cenizas, ser mejores y que este fuego nos ilumine y que marchemos después de quemarlas totalmente libres y con un sentido de esperanza.

S.M. ¿Y si no las quemarán?
D.L. Si sólo fueran esculturas gigantes, la gente vendría, pero no tendría el impacto del fuego y su estremecimiento. La obra debe cumplir su final: el fuego. No producimos arte de colección sino arte efímero, pero que nos encamine a buscar valores que sostengan el humanismo. El fuego de las chimeneas no es destructivo es creador. Esta relación tan íntima y antigua con el fuego renace cada vez con esta tradición porque están ligadas a una construcción interior, espiritual: las chimeneas arderán porque esa es su magia. El fuego no se apaga se queda en nosotros como una semilla de luz que germina para celebrar la vida y alimentar la esperanza de volver a construirlas junto a otras fuerzas, a otros cantos a otras voces, ese fuego nos recuerda que también el ser humano es efímero y que sólo el arte o la espiritualidad es lo que sobrevive.




S.M. ¿En qué año comienza la tradición de las chimeneas gigantes?
D.L. Los primeros años fueron chimeneas pequeñas y luego crecieron, aunque ya la expresión se realizaba, se organizó en el año dos mil. Primero fueron en los barrios, luego el pueblo decidió colocarlas en un solo lugar en el 2003 y se creó el Paseo Real de las Chimeneas Gigantes y el 2007 establecimos la Feria del Paseo Real de las Chimeneas; Ya no se trabajaba en los distintos barrios sino que en un solo lugar, esto permitió que las técnicas de elaboración también pudieran compartirse, aprender juntos, crecer juntos, decidir juntos. Hay un grupo consolidado que asesora, define y tiene su reglamentación.

S.M. ¿Quiénes son los pioneros de las chimeneas?
D.L. Los barrios pioneros son El Centro, El Picacho, Juan Lindo, San Juan 2. Los jóvenes que están desde un inicio son Carlos Amílcar Paredes, Ramón Alejandro Rivera “Mega”, Nicolás Bueso, Javier Galindo, José Luis Mejía, José Armando Pascua, Dinora Pérez, Cristhian Fajardo y José Paz, con ellos iniciaron, hoy ya son adultos y padres de familia. Cada año nacen nuevos “Chimeneros”, porque son el orgullo de este pueblo, hay más de cien jóvenes que se suman a esta labor. Hemos creado un arte popular, un oficio, una manera de sentirnos felices y de hacer algo valioso para nuestro pueblo y para el país, que despierte el interés de muchas instituciones. Este es un espacio único en el país.

S.M. ¿Cuál es la diferencia entre una Falla y una Chimenea? Te pregunto porque mucha gente quería conectar las chimeneas con las Fallas de Valencia.
D.L. Nunca he visto en vivo una falla y no tienen conexión alguna con las chimeneas. Esta expresión nació del corazón creativo de este pueblo. Aquí nadie ha estudiado escultura, es una búsqueda que se perfecciona, crece y cambia desde la necesidad propia de la expresión. Una chimenea tiene tres momentos: el tema, el individuo que las hace debe reflexionar sobre esa temática, hay un discurso que no es decorativo, ni turístico, ni solamente estético, hay una postura; el otro momento es la resolución en una forma escultórica de una idea y el último momento integra al teatro para hacer la quema.





S.M. ¿Cómo escogen las temáticas, hemos presenciado que cada año la expresión es diversa?
D.L. Luchamos porque los diseños sean propios, solicitamos colaboración de artistas, otras veces nos hemos dejado tentar por expresiones de artistas internacionales cuyos discursos nos parecen consecuentes, mágicos o críticos de nuestra época; aunque la originalidad aquí tiene que ver también con la manera en que asimilamos la diversidad; por ejemplo este año le pedimos al joven artista Cristian Gavarrete  que realizara algunos diseños en base a las discusiones e ideas de quienes las hacemos. La temática se discute, según relevancia, atractivo y que guste, en primer lugar a los jóvenes y al pueblo. Como coordinador de esta fiesta no impongo sólo canalizo lo que el grupo quiere.

S.M. ¿Cuál es el tema de este año?
D.L. El tema de este año es “Defendiendo sin miedo a la madre tierra”, nos importa la defensa del medio ambiente y somos críticos sobre la muerte violenta de los defensores del ambiente. Nos preocupa que la vida se esté vendiendo y las chimeneas son para defender la vida.




S.M. ¿Cuantas personas asisten a ver las chimeneas?
D.L. Asisten más de veinte mil personas. Trinidad, Santa Bárbara, literalmente colapsa, la gente se debe hospedar en otros pueblos y ciudades cercanas.

S.M. ¿Hay un beneficio económico para Trinidad?
D.L. El arte y la cultura desarrollan a los pueblos no sólo a nivel espiritual sino que genera riqueza. Las chimeneas son importantes para todos los trinitecos, generan un movimiento económico que beneficia a quien vende chicles, hasta quien ofrece servicios hoteleros, comunicaciones, alimentación, etc. Pero los que realizamos la expresión necesitamos crecer en este sentido, debemos ser propositivos y de algún modo recibir algún beneficio, los artistas tenemos que evolucionar y hacer de nuestras expresiones una forma honesta de ganarnos la vida con dignidad, nos hemos dado cuenta que tenemos derecho a ganar económicamente para sobrevivir con nuestras familias y darle sostenibilidad en el tiempo a esta expresión. Es un proyecto hermoso, sensible, mágico pero quienes lo hacemos nos sacrificamos. Nosotros no queremos llamar al turismo, no nos interesa, no queremos turistas, ni gente curiosa, queremos compañeros, somos un pueblo pequeño y no queremos que nadie venga creyéndose turista, es mejor que vengan creyéndose amorosos, locos, sensibles y felices a visitar este gran manicomio mágico y de ese modo entrar en un trato familiar y de confianza. No queremos sentirnos extraños, ni que las visitas sean extrañas para nosotros. Queremos que todos sepan que somos una propuesta artística con su propia identidad; este es un arte del pueblo frente a su pueblo.

S.M. ¿Pero es inevitable la llegada de los turistas?
D.L. Si. Lo sabemos y los esperamos, pero como dije antes, queremos visitas, compañeros, que se despojen de la sola idea de “turistas”, aquí entra una discusión nueva para nosotros, un pueblo pequeño, un lugar al que han querido promocionar como pueblo turístico, yo no le apuesto a un “pueblo turístico”, yo le apuesto a un “pueblo de arte y cultura” donde no se nos convierta en suvenir, si no que juntos, los habitantes y las visitas construyamos una idea diferente y sensible y que actuemos en un escenario que sea imagen de un mundo más justo y feliz.

S.M. ¿Hay un sentido político en esta expresión?

D.L. Las chimeneas son libres, nadie les puede imponer un destino. Nosotros somos un grupo en resistencia cultural y popular. Las chimeneas no son sólo elementos de embellecimiento, son discursos y como todo arte cumplen con su misión política de defender la vida, la justicia, la libertad, la niñez, la libertad de expresión y creación, el medio ambiente y los derechos humanos. No estamos sometidos a ningún político, si esto fuera así no evolucionaríamos. 


Vista del montaje de las Cjimeneas en una calle de Trinidad, Santa Bárbara

02 diciembre, 2016

Una entrevista de El Pulso sobre Gracias Convoca

Fotografía de Dany Alvarado

Entrevista a Salvador Madrid por El Pulso
Cuando fundé el Festival Gracias Convoca en el año 2013, lo hice a contracorriente. El primer muro fueron muchos empresarios que no creían que un proyecto cultural de esta magnitud se pudiera realizar en Gracias. Sin embargo en medio de la miopía encontré esas voces que si comprendían la inquietud de un escritor y gestor cultural al que muchos vieron de forma sospechosa. 
Hoy el contexto ha cambiado y poco a poco hemos ido abriendo espacios culturales en Gracias Lempira, una ciudad que he aprendido a querer, ciudad hermosa por la que trabajo todos los días de mi vida. Poco a poco nos vamos conociendo y al menos sabemos quién es quién en los retos ciudadanos que la vida nos impone.
Me repugnó ver como se condecoraba a Billy Joya en el Festival Gracias Convoca. No diré nada de Billy Joya, no me corresponde a mí decirlo y queda para la historia tratar de salvar aquellas cosas buenas que tenemos y pedir no satanizar a Gracias y a los artistas dignos que viven aquí por un error cuya causa es la ignorancia, esa otra barrera que vamos a vencer todas y todos bajo el cielo de la que hoy es nuestra ciudad: Gracias Lempira.
Historiadores y antropólogos hondureños en la primera edición de Gracias Convoca 2013

El Pulso, a propósito de Gracias Convoca
«Las palabras del poema me fueron heredadas por quienes dijeron adiós». Abre aquí, Salvador Madrid, una ventana hacia los ancestros, en el primer poema de su libro «Mientras la sombra». Un poeta dedicado a la gestión cultural, pero no como un eufemismo, como suele usarse en Honduras, sino como un oficio más allá de la pantalla de la computadora de quien escribe proyectos.
Perteneció a PaíspoEsible, un colectivo interdisciplinario, que combinaba la poesía con la música, incluso el performance, y que se atrevió a sacar a la poesía de los cafecitos literarios y llevársela a la gente, o como diría Dalton, «la poesía es el pan de todos».
En Il Migro Fabbro, Salvador Madrid, editó a poetas y narradores contemporáneos, abriendo una puerta hacia el amplio camino de la literatura a autores y autoras, que quizá no sabrían cómo hacerlo o cuya intuición les habría tardado en ubicar.
Con el tiempo pasó a ocupar cargos dentro de los espacios públicos, y como muestra de la gestión permanente, Salvador Madrid, fue una de las personas que impulsó el Premio Iberoamericano Juegos Florales de Tegucigalpa.
En la actualidad vive en Gracias, en el departamento de Lempira, se le puede encontrar en un hogar claro, con una alegría transparente, y que ha construido con Ethel, su compañera.
Su libro más reciente, «Mientras la sombra», es también el libro que como excusa, sirvió para hacer el lanzamiento de Efímera Editorial, su más reciente proyecto literario.
El Pulso ha entrevistado a Salvador Madrid a propósito del Gracias Convoca, un festival cuya primera edición estuvo a cargo de Madrid, pero que a lo largo de cuatro años ha ido mutando y pasando de manos, finalmente, alejándose de la idea que Salvador dice fue la que inició todo, la de acercar a la comunidad artística e intelectual del país a las personas de Gracias.
Para Salvador Madrid, la amistad con Mito Galeano y Byron Mejía, ha sido vital para propiciar el diálogo al alrededor de las cosas que giran alrededor de Gracias. El patrimonio histórico y la cultura lenca son temas que trazan el rostro de esta ciudad. Es en estas conversaciones es donde surge la idea de fundar el festival y Salvador lo bautiza como «Gracias Convoca».
Para esto se necesitan aliados y recursos, y yo tuve que acercarme a la Cámara de Turismo, que son pequeños empresarios, hoteleros, del rubro de la comida; les expuse la idea y en un inicio no hubo como una reacción de apoyo, porque me dijeron que un festival de esa naturaleza no se podía hacer en la ciudad. –Explica Madrid.
Salvador tiene desde ese momento, la tarea de convencer a los empresarios de que la idea del festival es una buena idea, que el festival es la oportunidad para posicionar a Gracias en el mapa nacional de la cultura.
El festival surge por la necesidad de potenciar el desarrollo cultural, acercar a Gracias a las nuevas dinámicas culturales del país, pero con un profundo respeto por las tradiciones de una comunidad fuertemente indígena, con una visión de la cultura completamente democrática, reflexiva, crítica y esperanzadora. Esta visión de uno de los poetas más importantes de la literatura contemporánea hondureña, fue el motor de arranque para que el viaje del Gracias Convoca comenzara a tener combustible y ardiera como arden las naves de la imaginación.
Para Madrid, estos espacios son vitales para la vida cultural de una comunidad, para poder debatir y conocer los trabajos de los artistas, acercando a la población a otras prácticas culturales del país, esta experiencia, es recíproca con el artista, a quien le permite dejar la exploración del interior y exponerse a la vista de quien no juzga desde los cánones de la estética sino desde la belleza de la vida, sino desde la cosas más tiernas.
La idea nunca fue la de un festival contemplativo, pero tampoco beligerante con alguna concepción política. El arte por su naturaleza tiene su propia visión crítica de la vida. Continúa explicando el poeta Madrid.
La respuesta de los artistas e intelectuales, nos va contando Salvador, no se hizo esperar, comenzaron a llegar escritores como Julio Escoto, Helen Umaña, Fabricio Estrada y Néstor Ulloa, pero también historiadores como Jorge Amaya y Edgar Soriano, músicos y artistas plásticos.
De esa primera edición del Gracias Convoca, Salvador Madrid, rescata el éxito cultural que a través de las lecturas de poesía y conversatorios con las comunidades de Gracias, se logró tener. Pero más allá del éxito cultural, también el Gracias Convoca comenzaba a tener un impacto positivo en la Cámara de Turismo, quienes salen fortalecidos después de la primera edición del festival, un festival, que iba un poco más allá de la mera intención lúdica de la fiesta.
Era importante crear un espacio en donde todos ganáramos: los artistas ganaban un espacio libre, abierto y democrático, donde poder expresarse; la comunidad gana, conociendo a los artistas locales y nacionales y a los intelectuales de todo el país, y la Cámara de Turismo, lógicamente, con el atractivo del festival, gana que la ciudad se llene de visitas, que la ciudad como destino se promueva, porque las noticias ejercen una especie de publicidad permanente, pero una publicidad sensible sobre el destino de Gracias, y empezamos a perfilar la idea de Gracias como una ciudad cultural. –Salvador, amplía en este tramo de la conversación y con mucha paciencia–
Era importante promover a Gracias más allá de las aguas termales y de la comida típica, o el guancasco. Esas cosas son importantes por estar en el folclore profundo de las comunidades indígenas de Gracias, pero la lucha que emprendía Salvador Madrid, era la de posicionar a Gracias más allá de eso.
Para la segunda edición del festival, Salvador nos explica que mantienen el formato del primero y se sentía el crecimiento del festival. Es en esta edición donde el festival se abre a la experiencia de los desfiles de moda, «pero una moda que tenía que ver con el tema ecológico», aclara Madrid. Ésta era una visión de la moda con diseños que tomaban en cuenta los materiales de la zona, las texturas, todo aquello alejado del show de las pasarelas que es lo primero que se evoca al pensar en la inclusión de algo similar para un festival que desde su concepción, y por las personas vinculadas con el proyecto, estaba mucho más cercano a la idea de una comunidad en crecimiento intelectual y cultural permanente.
Pero la segunda edición del festival traería en sí, conflictos sobre el rumbo que se estaba por tomar de cara a un festival que abría muchas oportunidades, tanto para los organizadores como para la comunidad. Estos retos estarían sustentados sobre el presupuesto que se necesitaba para sostener el festival, y sobre todo, con quién se gestionaba este presupuesto.
Se toma la decisión de enviar una carta a Casa Presidencial, y Juan Orlando Hernández, responde. Generando una atmósfera de sospecha sobre la organización del festival, pero Salvador Madrid justifica esto desde la idea que el gobierno debe atender también las necesidades culturales del país. Algo, que desde la lógica de un gestor que trabaja sin descanso, era una oportunidad para potenciar los proyectos del festival. Pero esto generaría dudas sobre su trabajo en la intelectualidad del país, tanto como la intelectualidad del país generaba dudas en sus patrocinadores. Y la discusión sobre si el festival era de comunistas o de la derecha comenzó a tomar más importancia que el mismo festival.
Lo que yo nunca pude entender, –agrega Salvador–, son estos jaleos en la cultura nuestra, porque todo está ideologizado o politizado. –Agrega Salvador.
Madrid apunta que la labor de un gestor tiene que lidiar con estas cosas y sentarse para conversar y llegar a puntos de encuentro con personas que tienen distintas formas de ver la vida y la política, que como gestor, también se tiene límites y estos muchas veces están enmarcados dentro de la búsqueda de un sentido específico de la vida misma y de la ética. Pero también aclara que cuando se trata de la obtención de recursos, un gestor no puede ir a negociar con personas, empresas, o con políticos, que sos sospechosos de algo, con todo esto, se sobrellevaron las contradicciones del festival en los primeros dos años.

Sobre estas críticas y sospechas hacia el festival, Salvador nos narra sobre las posiciones encontradas. Por un lado estaban quienes decían que era un festival de comunistas, que los jóvenes se exponían a un tipo de arte que de alguna manera los podía influenciar y hacerlos beligerantes en algún aspecto político. Por otro lado, estaban los que pensaban que el festival tenía que radicalizarse mucho más, que éste tenía que servir como plataforma para hacer oposición al gobierno de Juan Orlando Hernández. Pero Salvador Madrid no tiene problemas para recordar que ése no era el objetivo del festival, sino que, se creó como un espacio abierto, inclusivo, democrático, para quienes tuvieran una expresión de calidad artística, llegara y se expresara.
Una de las valoraciones que hoy puede sacar Salvador, es de que el éxito del festival Gracias Convoca, estuvo siempre en ser un festival que diera voz a los artistas y a la comunidad desde sus expresiones culturales. Quizá en ello radica la diferencia de las primeras dos ediciones del Gracias Convoca, y las dos últimas ediciones. Madrid señala que la forma en la que ahora se abordan las exposiciones y los conversatorios es una cosa completamente distinta y alejada a lo que en su momento se planteó desde quienes trabajaban para la realización del festival, quienes estaban interesados en que el festival fuera una plataforma para el buen arte, para la ciencia, para la historia y para la memoria de un pueblo.

Al preguntarle la curaduría de los trabajos para la última edición de Gracias Convoca, Salvador no duda en decir que no hubo trabajo curatorial.
A los artistas les dieron su temática, y es ridículo por ejemplo, cuando alguien viene a pintar «cositas» del guancasco, muy mal pintadas, totalmente superficiales, únicamente la representación en su nivel más básico, pero sin conocer absolutamente nada de la cultura lenca, como una cosa muy light y tenés a un artista como Mito Galeano, que tiene treinta años de hacer inmersión en la cultura lenca; cuando este hombre discursa sobre la cultura lenca es completamente renovador, fresco, crítico, amoroso, y te das cuenta de que sí estás frente a una expresión artística de alto nivel. –Construye la idea Salvador, de lo que significa la curaduría para un festival como el Gracias Convoca.
Salvador nos cuenta que su salida del Gracias Convoca, precisamente se debió a las diferencias internas. Algunos empresarios dentro de la Cámara de Turismo de Gracias querían orientar el festival hacia lo turístico, en tanto que otros querían realizar un festival mucho más crítico, y al final no se pudo encontrar una forma de equilibrar las diferencias que terminaron por separar a Salvador Madrid del proyecto del festival.
A tres días del lanzamiento de la tercera edición del festival, se toma la decisión de separar a Salvador del Gracias Convoca y quien posteriormente asume la labor de gestión del festival sería Sandra Herrera Dean, artista y gestora cultura, que en el pasado habría trabajado en otros proyectos culturales de la zona de occidente, particularmente en Santa Rosa de Copán, pero finalmente ella también sería separada del proyecto.
Salvador Madrid cree que el hecho de que en la última edición llegara más gente que en otras ediciones se debe a la llegada al festival de Alux Nahual, banda emblemática del rock centroamericano, pero que de no ser por esto, el festival hubiese pasado sin mayor interés.
Hay mucho que aprender, la mayor parte de artistas y creadores del país, están en contra de esa idea del arte sólo como espectáculo, porque se vuelve decadente, pero ésa es mi idea, la idea de la Cámara quizá es otra, quizá es hacer un festival donde los atractivos sean meramente para promocionar el turismo. –Comenta Salvador al respecto.

También es importante para él reflexionar en la importancia de los espacios como el Gracias Convoca, ya que el país, nos explica, necesita de festivales y espacios donde practicar el ocio cultural. Pero también deja claro que para él, no se puede anteponer lo meramente turístico para dejar lo cultural únicamente como un adorno. Que el artista no debe verse como payaso. O limitar al artista por los organizadores.
Sobre la organización del festival en los años en los que Salvador estuvo presente y la actual, se cuestiona mucho que a los artistas se les pide llegar puntualmente para sus presentaciones, y que una vez concluida ésta, deben retornar a sus lugares de origen. Madrid explica que es importante que los artistas también tengan la oportunidad de interactuar entre sí, dándole verdadero sentido a la idea de que un festival es en sí una fiesta para la comunidad cultural del país. Esto permite que exista un aprendizaje recíproco. En las dos primeras ediciones, el Gracias Convoca, permitía intercambios con las comunidades y no estaba limitado únicamente al casco histórico de la ciudad de Gracias. Lamenta, Salvador, que en su momento, Gracias Convoca editaba un libro de bolsillo que le permitía a la comunidades más alejadas de Gracias conocer la obra de escritores que había sido invitados al festival y no se quedaba con la simple lectura, sino que podía quedarse con un instrumento físico de promoción de la lectura y de la obras de los autores nacionales. Esto último, no se hizo más. Esas ediciones de bolsillo, eran gratuitas, y de un tiraje de 5 mil ejemplares.
La última edición del festival en Gracias, dejó por fuera a los poetas. Por alguna razón, que este momento, no es entendido ni nosotros, ni por Salvador. Los intelectuales y los escritores fueron los grandes ausentes de la última edición del festival.
Llama profundamente la atención, sin embargo, que la última edición del festival Gracias Convoca, rindiera homenaje a Billy Joya, alguien completamente alejado de los procesos culturales del país, y a quien se le ha cuestionado y señalado directamente como responsable de muchas violaciones a los Derechos Humanos en los años ochentas. Este giro, este cambio, en la política del festival, termina por desentonar con una dinámica que se intentó construir con el mismo.
Salvador nos explica que si se formuló una ficha de inscripción, ésta tenía que ver más con los artistas visuales, y que en los casos particulares de escritores y de los intelectuales, las invitaciones eran de forma directa por el interés que existía en que ellos se sumaran al proyecto. Pone como ejemplo, el caso de Jorge Amaya y sus trabajos sobre la identidad nacional, que para Salvador, esto era importante se debatiera en el marco del festival, incluso, que las comunidades de Gracias tuvieran un acercamiento a la obra de poetas como Rigoberto Paredes o Fabricio Estrada, así como el aporte intelectual de Helen Umaña.
Sobre el trabajo de Amaya, puntualiza Salvador Madrid, la importancia de debatir sobre lo que significa la figura de Lempira en el imaginario de país, así como los aportes del historiador Omar Aquiles sobre el paso de los gitanos por el occidente hondureño. Temas, que para Madrid, son importantes para Gracias, por su ubicación geográfica e histórica.
Se tenía mucho cuidado de no enmarcar al artista o al intelectual dentro de una dinámica que fuera la que nosotros quisiéramos, o sea, nosotros les planteábamos la idea del formato del festival, y ellos, a raíz de sus estudios y de sus libros, hacían los planteamientos, así que me parecía correcto; en el caso de las artes visuales era lo mismo. Hoy parece que le dijeron a la gente que pintara pájaritos, cositas light, te encontrás, por ejemplo, a un Code o a un Cariqui, haciendo pájaros, te encontrás a otro artista pintando las aves de Celaque. No sé si es flojera del artista o una imposición de los organizadores. –Nos explica Salvador.
Salvador hace recuento del graffiti del año pasado en el marco del festival Gracias Convoca que Cariqui hizo, el cual, nos explica Madrid, era una reflexión sobre lo sucedido en la marchas de las antorchas y que finalmente fue borrado, sufriendo así, la libertad creativa del artista, la censura de su obra y de su pensamiento.
En la actualidad, el Gracias Convoca, es organizado por un grupo gestor que pertenece al Partido Nacional. Uno de los nombres que resalta de este grupo es el de Billy Joya, de quien no se sabe hasta ahora cuál es el papel que juega. Pero en algunos rumores, se decía que Billy Joya manejó la publicidad del festival y estuvo a cargo de realizar algunas visitas.
Salvador Madrid salió de la organización del festival hace dos años, y no tiene conocimiento de cómo se están manejando las cosas a nivel organizativo y sobre algunas decisiones que se han tomado. Prefiere no opinar.
Con mucha sinceridad, uno quisiera que el festival se mantuviera, que cambiara de formato, que no perdiera ese primer rumbo que fue el que le dio la fama, que fue el que lo dignificó. Pero ésas son decisiones que ya no están en manos de uno y se debe tener cuidado al hacer las recomendaciones para que no se vaya a creer que uno es un desalmado que no quiere a la ciudad, que no quiere el destino turístico, que no desea que los turistas vengan. Uno quiere que se reconozca la cultura lenca y todo el potencial que hay aquí. Yo vivo en esta ciudad, amo a esta ciudad. –Nos expresa Salvador.
El poeta Salvador Madrid, insiste en decirnos que a él gustaría que se hablara de Gracias en todo el mundo y que más gente llegue a ella, porque es un lugar hermoso, pero sobre todo porque la gente tiene un valor incalculable. Le parece primordial resaltar las figuras de Byron Mejía y de Mito Galeano, como ejemplos de artistas por los que Gracias vale apostar por ella.
Sobre el futuro y los retos que ahora debe afrontar el Gracias Convoca, Salvador puntualiza que la Cámara de Turismo como ente organizador, tiene el reto de sostener un festival que se ha convertido en un referente cultural del país, y que el festival se maneje con una gran calidad alrededor del tema del arte, que no solamente sea un espectáculo, que el festival sea realmente la construcción de una conciencia ciudadana, reflexiva y crítica, porque el país atraviesa por circunstancias históricas donde todos quieren ser escuchados y gozar de respeto, donde todos quieren trabajar. También reflexiona sobre la tensión que la cultura sufre a partir de lo político. Salvador espera que en términos de cultura, los organizadores del festival se apoyen en expertos en el tema y que se pueda ofrecer desde Gracias, de forma abierta para el país y la comunidad mundial, que llega a la ciudad. Sueña con que los grandes artistas del país y de la región no sean marginados porque tienen cosas importantes que decir.
El sueño de Salvador Madrid, de que Gracias sean una verdadera ciudad cultural es un sueño permanente. En la actualidad, Salvador, labora para Plan Internacional Honduras, en proyectos de incentivo a la lectura, de activación cultural, de teatro infantil, y se encuentra organizando un festival de poesía, siendo coherente con la historia de Gracias y de un pueblo cuya identidad está profundamente marcada por las tradiciones ancestrales.
Encontramos en Salvador Madrid, la figura del incansable gestor, del poeta sensible a las filamentos más nobles de lo humano. Es Salvador Madrid, una persona clave para entender procesos culturales 
y artísticos que Honduras afronta como retos para el desarrollo de su sociedad.




21 noviembre, 2016

Dennis Ávila en el país de la infancia

Fotografía del poeta Dennis Ávila realizada por otro hondureño, Fabricio Estrada


Concluyo al principio: “La infancia es una película de culto” del poeta Dennis Ávila, es un libro de poesía de alta calidad, magníficamente escrito, con un sentido consciente del lenguaje y de la experimentación, humor inteligente y voraz, hermoso y de una nostalgia transparente, capaz de signar la alegría de los recuerdos y la felicidad robada y guardada felizmente en el corazón de un niño. Es un libro que es evidencia de un poeta que ha adquirido una buena experiencia en su oficio, conoce su materia, ha elegido con precisión cada instante y la construcción verbal es puntual, transparente y muy juiciosa. No lo seduce la emoción, sino más bien entra en ella para indagar su raíz, su origen entre las apariencias. En suma no es un inventario de lo recordado, sino un retablo de lo vivido en la intimidad de un universo infantil donde se descubre, se juega y se es feliz; sin embargo, ese descubrimiento visto desde el adulto que es el poeta hoy, implica la comprensión de los símbolos que en aquel tiempo fueron palpables, nuestros, moldeables y hoy (más allá del sentido de la pérdida o de la imagen de paraíso perdido) se diluyen en una forma de nostalgia cuya interiorización es dolorosa. Y esto tiene sentido: cuando Ávila se interna en su infancia, no sólo roza las tardes y los personajes de su barrio en Tegucigalpa, ni las canicas ya para siempre dispersas en ese otro universo del pasado, no sólo es un viaje a la afectividad personal, es un viaje a la historia de nuestro país, en los contornos cotidianos de una década triste donde la alienación fue la moneda de cambio, donde el silencio era obligatorio, donde la cultura militar y la nueva burocracia y clase política que ha de chupar la sangre al país en los años siguientes,  consolidó su poderío y los nuevos ricos comenzaron a tratar de lavarse las pudriciones al insertar a sus nuevos hijos en la “vida socialmente aceptable” como hombres y mujeres de bien, aunque ya sabemos que son las mismas fieras con sus aullidos en forma de corbatas, filantropía con crucifijo y biblia incluidos.

No soy muy adepto a los análisis desde la perspectiva psicocrítica, especialmente a los que en su radicalidad intentan inclinarnos a la sola personalidad del creador, pero sería interesante visitar este libro desde esa mirada teniendo de base (y esto no es negociable) la conciencia histórica de la década de los ochenta para tratar de ahondar en las sombras, la luminosidad, los miedos y los fantasmas que rondaban la vida, no del poeta, sino de una sociedad entera surcada por este laberinto experimental del que fuimos habitantes.

Hace unos/ años/ no pude/ ser comunista,/ porque estaba/ ocupado/ tratando/ de ser un niño.” escribe el poeta hondureño Rubén Izaguirre, un poema de brevedad descomunal que pesa lo que pesan las traiciones, los muertos, la pudrición de la soberanía, el asesinato de la cultura civil, la instalación del abuso en la década de los ochenta y su continuidad hasta nuestro presente.  En Dennis Ávila es igual de dolorosa esa recuperación de la memoria de un tiempo angelical; el idilio ha sido llevado a la hoguera; no puede ser sólo lúdica la naturaleza de esta poesía; “La infancia es una película de culto” nos plantea una estructura poética, tratada con maestría y en sus trasfondos nos confronta, nos pide regresar con plena serenidad y armados de una conciencia política que trascienda la adopción de una postura y más bien nos permita consolidar una forma de vida donde el mayor ejemplo de ciudadanía sea la imaginación, la sencillez, las esperanza, la ilusión, esas palabras que sólo tienen sentido en la infancia porque sistemáticamente los adultos les arrancan sus significados.

Una poesía como la de Ávila, en este libro, me permite decir que el poeta nunca se fue de casa o que más bien, siempre regresa a ver el viejo televisor blanco y negro, a recoger la pelota de plástico forrada en la potra interminable de la niñez; una poesía bien escrita, si, es verdad, pero es una poesía publicada en Costa Rica sobre Honduras y sus verdades:  el padre descalzo de Dennis ante sus primeros zapatos es mi padre descalzo con sus pies de diecisiete años contemplando la imposibilidad del mundo que lo invita a caminar; el descubrimiento del mar del sur golpea las ceibas de la tierra adentro, cada poema del libro hace justicia de un mundo sencillo, de una cotidianeidad antigua que resguardaba los grandes valores de la vida y sin caer en la denuncia crasa, expone como la decadencia política inundó con su baba la hermosura de lo que pudo ser un país.

Cuando pienso en Dennis Ávila, intento encontrar en su éxodo voluntario en Costa Rica, el sentido de nuestras vidas como escritores aquí en el “país de las pesadillas”, pienso en el magnífico gestor cultural que se nos fue y que ahora abre espacios y da su batalla porque la poesía sea signo de testimonio y evidencia no sólo estética sino ciudadana, lo veo allá, editando libros de poetas de todo el mundo, fortaleciendo el festival de poesía de Costa Rica cuya existencia hace inmensa aún más a esa tierra, organizando actividades culturales junto a su esposa, la poeta Paola Valverde Alier, ambos incasables, constructores de una fundación donde la sensibilidad tiene las ventanas de par en par hacia el futuro. Qué poeta más inmenso es Dennis Ávila, lo digo así de una vez, dejando al lado mi formación teórica y viendo de frente este libro como un lector cuya única arma es el asombro y el descubrimiento. He llorado transcribiendo el poema “Los pies en la tierra” porque escribía mi vida en la noche de noviembre, porque dibujaba con las palabras de Dennis, otra vez, los pies de nuestros padres pobres, luminosamente honrados, porque me mancha la sal de la injusticia y porque yo soy testigo que pocas cosas han cambiado con las niñas y los niños de mi tierra.

El poeta Fabricio Estrada reseña de manera genial el libro de Dennis Ávila, en unas palabras que hacen justicia de su poesía y de nuestro tiempo “leyendo estos poemas es a esta revelación donde llego: un niño, una niña, es el antihéroe de lo humano y siempre nos salvará del vacío una vez caídos en él, o de la amargura, una vez que olvidemos lo que hemos sido en nuestra etapa más sensible. Vendrá el niño o la niña con su capa desplegada, con su instrumental de fantasía y sentido práctico, verrà l´infanzia e avrà i tuoi occhiUn niño/ toma prestadas mis palabras./ A cambio recibo su forma de mirar. Mirar como si fuera el último juego. De haber sabido que era el último juego ¿Qué hubieras sentido? Mirar como si el honor tuviera que ser saldado sobre una partida de canicas, ¿Qué honor limpiamos ahora luego de ser humillados una y otra vez? Mirar al fantasma de la abuela sacando los libros del librero ¿Qué secreto seguimos buscando en los libros que nos hereda la noche?


Dennis Ávila, poeta nuestro, con este libro se revela ese país que las bestias también han secuestrado y que hoy podemos salvaguardar luchando cada día por él: el país de la infancia. Yo quiero, allá en tu lejanía saludarte con unos versos del hondureño Jaime Fontana, clásicos, menos ingratos que los pronunciados por Roberto Sosa (La niñez, aquella de los cuidados cabellos de vidrio,/ No la hemos conocido. Nosotros nunca hemos sido niños.), pero que igual encierran ese regreso a los cimientos de un tiempo inacabado: nuestra infancia “…esta es la tierra nuestra, la amorosa, la que espera a sus niños,/ aquí esparcen su calcio generoso los huesos de mis padres/
y el calcio va a la hierba y hace al pino más jubiloso y alto:/
así trabajan todavía quienes nos prestaron la sangre.”.

                                  
                                        Portada del libro "La infancia es una película de culto" editado por Perro Azul




POEMAS DE "LA INFANCIA ES UNA PELÍCULA DE CULTO"


IV


No conocí a mi otro abuelo;
fue asesinado
en mil novecientos setenta y seis.

Matarlo fue la única forma
de callar su revolución.

Hombre visionario,
fundó la escuela
y el centro de salud en su comunidad.

La autopsia a su Ford
reveló ochenta perforaciones de bala:
solo una le tocó el corazón.

Aunque no pudo abrazarnos
es el abuelo de treinta y siete nietos,
árbol ancho y grueso
en el que caben todas nuestras sombras.



LOS PIES EN LA TIERRA


Intento imaginar
los primeros zapatos de mi padre.

¿Tuvieron el color que surge
en la corteza de los árboles
cuando va a amanecer?

¿Sus cordones fueron implacables,
como aquellos que amarraron
la leña de las haciendas vecinas,
que él y sus hermanos
ansiaron en los días lluviosos?

La suela, ¿lo suficientemente gruesa
para aplastar espinas?

El tacón, ¿inamovible,
capaz de entender un nuevo equilibrio?

Delgado, sin duda, el camino de sus hilos
en esta dimensión desconocida
por unos pies descalzos.

¿Los tomó de alguna estantería
o salieron del corazón de un zapatero
directo a sus pies?

¿Temió gastarlos, a las cinco de la mañana,
para arrear las vacas
de los señores feudales de su infancia?

¿Los llevó a la escuela en su jornada mixta
o al vender melcochas
antes y después de cada clase?

¿Alcanzó los labios
de alguna muchacha que pudo visitar,
por fin, con los pies limpios?

Siempre me conmovió
la historia no contada
de los zapatos de mi padre.



EL BARRIO


Siempre era Navidad
en la casa de enfrente,
gracias a doña Rosario
y sus flores de pascua.

Existía el deseo de ayudar
y cuando nos caíamos
doña Tina costuraba
la herida en nuestros pantalones.

Si no queríamos ir a clases
doña Gera nos inyectaba:
no era una bruja cualquiera,
en su patio había un pino inmenso,
un cohete temporalmente estacionado
que al despegar
arrancaría su casa de raíz.

Don Noé y Pedro,
padre ebanista, hijo carpintero,
hacían muebles y puertas
para otra dimensión.

En esa época fuimos niños
José, Samir, Mauricio y yo.

Cada año que se iba
un pez moría en nuestras manos.



LOS NIÑOS DEL DR. HELL


Trazábamos una circunferencia.

En el centro, como la marca de un compás,
hacíamos el agujero
para meter las canicas
que el vencedor se llevaba a casa.

Los grandes odiaban
que un niño más pequeño ganara;
me echaban tierra en los ojos
y atacaban como cuervos.

De aquella nube de polvo
surgía la respiración de mi hermano,
el gordo más ágil del barrio.

Todavía tengo en mi corazón
su voz diciendo malas palabras.

Amaba su heroísmo:
esa necesidad de salvar mi honor
y el de la familia.

Mis piernas dejaban de temblar
y me lanzaban a la pelea
para justificar mi sangre en la nariz.

Pero de los dos, él era Mazinger Z.

Solo mi hermano pudo derrotar
a los monstruos mejor armados
de nuestra niñez.


LA MEMORIA POR DENTRO


Las personas con Alzheimer:
¿recuerdan los besos verdaderos,
las guerras infinitas,
el cúmulo de atropellos y venganzas
tras la vía láctea de sus vidas?

Esas manos que parecen buscar un mapa,
¿en qué rostro están pensando?

Para ellos un mausoleo
no es un álbum de lápidas
sino almanaques vacíos,
paralelos
al limbo de cosas por volver.

Su memoria es un columpio:
una canción
puede enviarlos a la infancia
o traerlos de vuelta
con la mirada sucia de futuro.

Una mirada que se dilata en el aire,
como si allí naciera
la epopeya  de los recuerdos
y no la urna donde habita
un sufragio de caminos disecados.

Uno piensa que no debe haber
nada más triste
que el olvido del Alzheimer.

Pero hay quienes cargan
hasta el final de sus días
una amarga niñez.



Dennis Ávila (Tegucigalpa, Honduras, 1981). Poeta y narrador. Fue miembro fundador de PáispoEsible. Ha publicado los libros de poesía Algunos conceptos para entender la ternura (Sexta Vocal, 2005), con segunda edición en El Salvador (Leyes de Fuga, 2005); Quizás de los jamases (Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2008), Geometría elemental (Casa de Poesía, 2014) y La infancia es una película de culto (Ediciones Perro Azul, 2016), segunda edición (Proyecto Editorial La Chifurnia, 2016). Obtuvo el Premio Único en el Certamen de Cuento de la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán (2005) y la Mención Honorífica en el Premio de Narrativa Hibueras (2006). Ha participado en eventos literarios en Centroamérica, Puerto Rico, Cuba, Estados Unidos y España. Su poesía se encuentra seleccionada en las siguientes antologías: Versofónica (20 poetas, 20 frecuencias)Papel de oficio (Cuadernillos de Poesía PaíspoEsible), Chamote (Antología de poetas latinoamericanos), en el segundo tomo de Voces de América Latina (Media Isla Editores) y en el primer volumen de IL FIORE DELLA POESIA LATINOAMERICANA D’OGGI Raffaelli Editore. Su obra ha sido traducida al portugués, inglés, árabe e italiano. Desde el año 2007 radica en Costa Rica, en donde se desempeña como Director Adjunto y Coordinador Editorial en el Festival Internacional de Poesía de Costa Rica.