15 marzo, 2015

Donde le dije adiós, un libro de Kalton Harold Bruhl


                                                                                             Kalton Harold Bruhllen una foto de Mauricio Salazar
La ficción y el absurdo nos descubren al hombre contemporáneo.

Kalton Harold Bruhl es un narrador atípico y que poco se acopla dentro del panorama de los narradores jóvenes de Honduras y ese es un buen signo.
Esta opinión quiere ser precisa a una referencia: a su libro “Donde le dije adiós” marcado por la vocación del relato breve, mini ficción, micro relato o como el lector se sienta cómodo en llamarle.

Es interesante una propuesta narrativa que se asoma desde las antípodas y que explora un género en el que se requiere no sólo el peso de una historia, sino una habilidad para cerrar el relato con certeza, y en Kalton esa certeza y ese cierre, están lejos de ser final, todo lo contrario, abren la subjetividad y los significados hacia la imposibilidad, el absurdo o el humor negro. La sospecha, los mundos paralelos, el terror, la intriga de las interrogantes o de las explicaciones, modulan cada texto y sus finales en cierto modo son inicios hacia lo desconocido que llama y provoca.
En su libro “Donde le dije adiós” sin duda es donde encontraremos sus mejores aciertos como escritor. Estos relatos están más allá de unos valores tradicionales marcados en nuestra narrativa joven. Los relatos de Kalton son pequeños universos donde la sorpresa es la ley que define el rumbo y sin duda dejan ver las exploraciones de su autor que va ahondando en la vida cotidiana, pero desde una mirada que a veces encuentra en lo irracional la esencia para acercarse a la realidad.

El sentido del humor, la intertextualidad, las relecturas de la literatura universal, la reinterpretación o la reinvención de la Historia para cuestionar esa idea dogmatica que define nuestra percepción y la aliena; la crueldad del descubrimiento que a veces aquella ley de causa y efecto ha sido la mejor máscara con que el análisis racional cubre las alucinaciones y lo inexplicable, esas márgenes y otras más, son las que Kalton explora en “Donde le dije adiós”. Y en esa exploración no hay búsqueda, ni un intento por redimir a sus personajes, todo lo contrario: bastardos de los laberintos,  del caos y de la orfandad, sus personajes existen en atmosferas que no pertenecen a la cotidianeidad, sino al vacío o a los anhelos. Guiados por una astucia inaudita para sobrevivir sin contar una historia sus personajes se niegan a la caracterización, pues difícilmente poseen una conciencia a priori, más bien deambulan hasta encontrarse con sus antítesis como en el cuento “Dudas” en el que Dios se pregunta por la existencia de los fantasmas, pero esa duda está más cercana a la perversión que a una inquietud supersticiosa o filosófica, de algún modo invita a descubrirnos a nosotros los seres humanos como los fantasmas de la más perfecta de las creaciones; un cuento magnifico, alejado del deicidio y de la tragedia y cercano a la insaciable vocación sarcástica de Kalton.
Digo que en el caso de sus relatos, este libro es el mejor logrado de Kalton y es el que lo representa. El lector descubrirá en “Donde le dije adiós” a un narrador con total frescura narrativa, alto sentido del humor y una actitud anti solemne y drástica, inclinado hacia el relato abierto donde el argumento deja de ser el hilo conductor de la historia y es apenas un recurso técnico que permite guiarnos hacia unos horizontes posibles de interpretación. Y desde luego verificaremos la capacidad del narrador en estas mini ficciones para invitar al lector a ser otra pieza del azar y convertirse en algo más que lector, en una especie de hacedor que bien puede, por intuición, por curiosidad, divertimento o atracción hacia esos mundos psicológicos, formar parte del destino narrativo.



CUENTOS DEL LIBRO “DONDE LE DIJE ADIÓS” DE KALTON  HAROLD BRUHL


DUDAS
Es difícil reconocerlo, pero me dan miedo los fantasmas. Intento tranquilizarme diciéndome que al crear los cielos y la tierra no cree fantasmas. Sin embargo, cuando la noche se puebla de sombras y ruidos extraños, ya no estoy tan seguro de ello.

DONDE LE DIJE ADIÓS
“No sé cómo puedes ensuciar tanto tu ropa –dice mamá mientras levanta entre el índice y el pulgar mi camisa llena de lodo-. Espero que mañana seas un poco más considerado”.  

Yo asiento con un gesto de la cabeza y vuelvo a pensar en los ojos verdes de la dulce niña que conocí esta mañana.
Más tarde, cuando mamá ya duerma, los buscaré debajo de mi cama y seré feliz, sosteniendo entre mis manos aquellos ojos verdes, tan verdes como el agua del pozo, donde le dije adiós.


FRÁGIL

Me parece verte en la penumbra de tu habitación, acariciando el espacio vacío a tu lado sobre la cama, el lugar donde ahora sólo descansa una ausencia.
Y yo no sé cómo alcanzarte, y no sé cómo decirte que no me tienes que culpar por estar sola, porque yo nunca deje de soñar, fuiste tú quien despertó. 


TAROT

Cuando una mano descarnada se posó sobre su hombro, la vieja adivina supo que ya no era necesario voltear la última carta.


MIDAS
Su palacio se encontraba repleto de estatuas y objetos dorados, ya que todo lo que tocaba se convertía en oro. Solamente se salvó su esposa. Llevaban veinte años de casados.


EL VEREDICTO
En ese instante entraron dos hombres.

–Señor –dijo uno– varias veces soñé con una mina. La primera noche, para llegar al yacimiento, atravesé  un laberinto. Las imágenes fueron tan claras, que por la mañana, pude dibujar un mapa. Las noches siguientes las pasé picando la roca y sacando el mineral. Todo iba bien hasta que se lo conté a éste. Vio el mapa y me dijo que no debía creer en sueños. Todo fue una triquiñuela ya que tiempo después encontró la mina. Señor –concluyó–, la mina es mía, yo la descubrí primero.    
El gobernador caviló por unos momentos.

–Buen hombre –dijo, dando su veredicto–, el pleito es sencillo. Ya que la mina la descubriste en sueños, doy por sentencia que la sigas poseyendo y trabajando mientras duermes.
Una vez se hubieron marchado, Sancho pidió comida. Impartir justicia siempre le abría el apetito.                                                                                                            

EL MISTERIO

El profesor Merton, vestido con una chaqueta de tweed sobre un suéter con cuello de tortuga, me espera en un estudio.
“Abogado –dijo al verme–, mi familia considera que hay indicios de que he perdido la razón. Desean declararme incapaz. Debe ayudarme”.

Le pedí que se explicara.
“Hay un misterio que me atormenta: por qué desaparecen los calcetines. Primero supuse que un calcetín era un agujero negro en miniatura, pero eso no justificaba que sólo desapareciera uno de ellos. Ahora estoy a punto de probar que son caníbales. Quizás el encierro en un oscuro cajón desencadena los instintos”.

Bajó la cabeza. “Ayúdeme   ̶ suplicó ̶ . Debo continuar mis investigaciones”.
Me coloqué frente a la ventana y mientras la lluvia arreciaba, recordé la bola de calcetines únicos que guardaba en mi casa. Finalmente sabría la verdad. Me di la vuelta y con lágrimas en los ojos, le prometí mi ayuda.


FLORES
Más tarde, con el tiempo, plantaremos un árbol. Por ahora las violetas son suficientes para evitar cualquier sospecha y, lo mejor de todo, como florecen durante todo el año, con ellas no tendremos que preocuparnos si olvidamos llevarte flores en el día de las madres.

EL PROYECTO

Cerré la puerta y dije: “¡Me voy de vacaciones!”. Realmente las necesitaba después de trabajar tanto tiempo en mi proyecto. No imaginaba, que al regresar, mi oficina estaría ocupada por el hijo del dueño de la empresa. Busqué a Pedro, el gerente, para pedirle explicaciones. Éste se limitó a encogerse de hombros y a decirme que no era simple nepotismo, el chaval tenía potencial, y su plan de libre albedrio volvía más comercial mi proyecto de salvación eterna. “Vamos  ‒me dijo‒ contigo todos se salvan y no vas a negarme que eso es algo aburrido, pero con su idea muchos de ellos van a perderse y no se sabe quiénes son hasta el último momento. Como que le añade un toque de suspenso”.
A partir de ese momento la memoria empieza a fallarme. Dicen que empecé a despotricar contra el dueño y me abalancé con no muy buenas intenciones sobre el gerente. Sólo recuerdo que Gabriel y Miguel, los tipos de seguridad, me lanzaron por una ventana. No hay muchas salidas laborales para un ángel caído, así que terminé como jardinero todas las tardes planeo mi venganza a la sombra de un manzano.

LA FAENA
El lomo del toro relucía por la sangre que brotaba de las heridas causadas por las banderillas. A pesar del cansancio, que pausaba sus movimientos, embistió con furia. El diestro tensó los músculos y esgrimió el estoque, anticipando el momento en que abría de hundirlo en la carne del animal. Cuando el toro estuvo casi a su alcance, sucedió lo increíble. El animal realizó un giro imprevisto y el matador apenas logró rasgar el aire. En el instante de confusión el toro lo enganchó con los cuernos, haciéndole dar una voltereta. El hombre cayó de bruces y con un último esfuerzo se tendió de espaldas. La multitud ahogó un grito de espanto: la empuñadura de la espalda sobresalía en su pecho. El toro avanzó hacia el cuerpo, pero el repentino clamor del público lo contuvo. Cerró los ojos desconcertado y cuando volvió a abrirlos se encontró de pronto en el apartadero. Sacudió la cabeza, todavía aturdida. Se había quedado dormido antes de que le llegara el turno de entrar al ruedo. Maldijo su suerte. De entre todos los toros de la tierra, a él, precisamente a él, le había tocado la desgracia de poder soñar.