03 septiembre, 2013

Cincuenta años con Rayuela


No está demás contar aquí que Rigoberto Paredes es un magnifico poeta, una voz actual que ha cruzado las últimas décadas de la poesía hondureña; pluma desenfadada, anti solemne, irreverente e irónica; y no está demás contar aquí que Rigoberto Paredes es un magnifico lector y un buen conversador. Mi generación lo conoció en ese laberinto de sus libros y de conversaciones precisas, y luego nos dejaba llevarnos libros de su biblioteca con una mansa felicidad, siempre nos dijo que estaba seguro de ganar buenos lectores para una gran causa: la buena literatura.
Y quiero recordar de nuevo esas pláticas donde la obra de Julio Cortázar volvía siempre; regresaba fresca y vital a anunciar de nuevo los espejismos o a desentrañar de lo cotidiano ese otro mundo mágico, raíz de la ficción o de las posibilidades de la comprensión humana y los juegos mentales. “Rayuela” considerada la obra mayor de Cortázar, anda por el medio siglo de haber salido a las librerías, Rigoberto Paredes, poeta hondureño, la recuerda en este artículo de hermosa sencillez y pasión profunda por la buena literatura, es un texto nada ufano, un giño de buen lector que quiere invitar a leer o a releer “Rayuela” o a recordar a Cortázar.

Salvador Madrid








LA MAGA Y OLIVEIRA EN SUS CINCUENTA
                                                                                           Rigoberto Paredes
Publicada en junio de 1963, RAYUELA fue el detonante inicial del tan sonado “Boom de la novela latinoamericana”. Merced a su signatura novedosa, tan sugestiva como inagotable, en su momento marcó hitos, rompió cánones y barreras hasta entonces infranqueables.
El mismo oficio de escribir, en todas sus facetas creativas, dejó de ser el mismo. Traducida casi simultáneamente tras su publicación a unos treinta idiomas, esta obra -a diferencia de otras de parecida índole experimental- suscitó el reconocimiento unánime de críticos y lectores, e igualmente editores y diseñadores desplegaron todo su ingenio gráfico para ponerse a la altura de sus requerimientos formales. Podría decirse que Cortázar inventó una práctica diferente de hacer novela, así como una escritura nada usual ni convencional, desmarcada totalmente de los usos y gustos imperantes en el mundo de habla hispana de aquellos años.
Ya sé que no estoy diciendo nada nuevo, y que cosas así se afirmaron reiteradamente al momento mismo de publicarse RAYUELA. Pero su vigente valía tras medio siglo no agotan -sino todo lo contrario- sus cumplidos y merecimientos, pienso yo. Se trata de una novela total, de ambiciosa y no menos arriesgada estructura, inequívoco paradigma de lo que Umberto Eco calificaba como “obra abierta”. RAYUELA, novela de novelas, provocadora de lecturas diversas y, por eso, más que la clásica novela de autor, se inscribe a todas luces dentro del exigente repertorio de la “novela de lector”. En realidad, escritura y lectura se erigen por igual, más allá de las avasalladoras presencias de La Maga y Oliveira, en sus protagonistas centrales. La escritura, su entramado formal, constituye el entramado dominante de la obra.
Sobrada razón le asiste a Cortázar al considerarla como “contranovela” , pues su misma disposiciòn verbal nos hace pensar que más de algún convencionalismo se ha hecho añicos en sus adentros, ya no digamos el reduccionista concepto tradicional de novela, soguzgado ante todo por la linealidad y la fabulación unidimensional. Novela de novelas decíamos, pues como bien coinciden sus estudiosos consta de por lo menos tres historias (partes, subtextos, etc.) o tantas más como lo propongan sus juiciosos lectores. Asimismo, novela de encuentros y desencuentros - de La Maga y Oliveira- en los que aparentemente no pasa nada. (…La Maga sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas). La rutina, la previsible cotidianidad no tienen mayor cabida en el argumento de esta obra, y mayormente se despliega en arduas conversaciones (la vida, el arte, el amor), en espacios y tiempos diversos, en deliberadas digresiones del propio autor y, sobre todo, de sus protagonistas. Por eso más de alguno la ve como una novela del absurdo, aunque a mì ese calificativo me parece poco afortunado. Novela experimental y heterodoxa podrìa ser, con unos aciertos poco comunes entre obras de parecida naturaleza. Tras cincuenta años de su publicación, es innegable que RAYUELA mantiene en lo alto su listòn de calidad, su vigor estilístico y su prestigio referencial como una de las novelas emblemáticas de la historia literaria de Amèrica Latina. Y, por lo visto, larga es la vigencia que tiene aùn por delante. 

Tegucigalpa, 2013


RIGOBERTO PAREDES Poeta, ensayista y editor. Trinidad, Santa Bárbara, 1948. Ha sido galardonado con el Premio Nacional de Arte y Literatura 2006. Entre sus libros publicados destacan: En el Lugar de los hechos (1974), Las cosas por su nombre (1978), Materia prima (1985), Fuego lento, antología personal (1989), La estación perdida (2001), Obra y Gracia (2005), Segunda mano (2008), Lengua adversa (2011).