07 mayo, 2060

El contenido de este blog es sobre arte y cultura: poesía, narrativa,
artes visuales, crítica, edición y gestión cultural.


                                                                                                                                                                     
Fotografía de Salvador Madrid por Dany Alvarado

19 agosto, 2016

Armando Maldonado, una voz poética que transgrede la calma de los días sospechosos

El poeta Armando Maldonado en una foto de Katy Cerda


El libro “Un poema que hable del mar” del poeta Armando Maldonado, fue publicado en El Salvador a principios de este año


Encontrarse un buen libro de poesía en Honduras siempre es una sorpresa; lo digo sin ironías pensando en el actual panorama de la poesía hondureña y su caricatura hipster, tan reciclada y ridícula, y lo peor de todo, en proceso de validación por otro grupúsculo de recepcionistas que se autodefinen como gestores culturales y especialistas en arte en los espacios culturales que ya conocemos; lo digo por un buen libro del joven poeta hondureño Armando Maldonado “Un poema que hable del mar” publicado para suerte de la poesía hondureña en El Salvador.

No está demás contar en esta breve nota que Armando Maldonado ha sido un buen gestor cultural, comprometido con la difusión de la poesía y la creación de espacios que acerquen a públicos y a lectores y viceversa; es reconocida su labor en PaíspoEsible, en talleres literarios de jóvenes creadores universitarios a inicios de este siglo, además de ser gestor del proyecto “Sociedad Anónima” un festival de poetas jóvenes cuyo objetivo era descubrir voces nuevas en la poesía hondureña que por algún motivo (casi siempre económico) no hubieran publicado sus obras; este festival tuvo una magnifica aceptación en su momento y muchos de los poetas que participaron hoy son parte del panorama creativo de la joven poesía hondureña.

Maldonado es un creador que ha tenido la virtud de la paciencia, ha cruzado la marea del realismo sucio, el golpe de Estado y su fantasma que condimenta la decadente bohemia del mundo cultural; lo mejor de todo es que se ha nutrido de todas las experiencias posibles, para luego definir los propios rumbos de sus lecturas y de sus posturas; creo que esto le ha permitido participar en la convulsión de un tiempo crítico, pero también formar un carácter individual que le permita apartarse, observar, reflexionar y escribir; acciones que sin duda van decantando el espíritu de un poema. No se trata de ningún misticismo, por supuesto que los que conocemos a Maldonado, estamos más prestos a celebrar su espíritu dionisiaco, su vida laica y no otra cosa. Este comentario intenta ir por una arista que es más personal en el poeta y quiere relatar un poco sobre el proceso creativo de Maldonado que sin duda hoy tiene buenas consecuencias: una poesía bastante cuidada en su sentido formal, el poema breve lleno de precisión y en un par de ocasiones con celebrada perfección, el distanciamiento de la realidad sin caer en la frialdad y mucho menos en la sola mirada, la exploración de la historia en los libros y no sólo en las experiencias cotidianas, el buen pulso para no rayar en lo conversacional, el riesgo y el esfuerzo por hacer una introspectiva de los elementos de la realidad con todas las armas posibles y entre ellas brilla una delicada intuición que es quizá la mayor ventaja de Maldonado en los poemas de estos años que son los que forjan su situación como navegante de los días sospechosos.

El libro “Un poema que hable del mar” está conformado de veinte poemas breves y apareció en la editorial La Chifurnia de El Salvador, dirigida por el magnífico poeta e inmenso gestor cultural, Otoniel Guevara, que ha sido amigo permanente de los creadores hondureños y que durante años ha promocionado la poesía nuestra de una forma desinteresada y amorosa, publicando la literatura hondureña e invitando a escritores a los festivales de poesía de El Salvador que son una ventana para asomarse a otros espacios y a otros creadores.

“Un poema que hable del mar” es un libro disperso en sus temáticas, totalmente ecléctico y perfila a un poeta que no sólo quiere discursar sobre su tiempo, sino definir una voz propia que le permita llevar el trajín de su propia sensibilidad.
Hay poemas valiosos como “Las confesiones de cualquier Lázaro” que quiebra la versión idealista de la resurrección y distorsiona el sentido de la segunda oportunidad hasta caricaturizarla como un acto de magia que no consideró preguntas sobre la vida sino sobre la muerte: “¿Qué pecado merece el castigo de dos agonías en un lecho febril?”.

Poemas que nombran instantes difusos, mundos cortazarianos y totalmente surrealistas como el poema “La Jirafa” que está perfectamente logrado como imagen y como estructura poético-narrativa, es cuento súbito y poema brevísimo. Poesía la de Maldonado que se deja seducir por la historia libresca, hundida entre las resacas del rock en español, diestra en evitar ser catalogada, capaz de discursar con desasosiego sobre su condición de poeta, y no sólo eso, capaz de martillar sobre la cabeza de su generación sin reclamo alguno y más bien describiéndola con desenfado y astucia, con un sarcasmo que permite la complicidad y el derrocamiento de esa imagen del poeta como vocero e imaginario de un tiempo y más bien lo plantea como un ser en crisis que se ha dejado arrastrar por los espejismos del tiempo o que se hunde en la alienación: “Acércate pequeño marinero de la muchedumbre, cuéntame de tus naufragios en la baba y el ron barato. Salpica todas las verdades y nos ataremos las manos con las flores que producen los sordos  y dentro de su gris folclor.”.

En este espacio le damos la bienvenida a la poesía de Armando Maldonado, la primicia de su libro es una noticia feliz y desde luego suma a la buena poesía, a otros hacedores que contra todo o contra la nada, dibujan ese mapa que será de los pocos tesoros que se lleve la esperanza en su paso hacia la historia. Qué bueno por Honduras, qué bueno por nuestra poesía.



Muestra poética del libro “Un poema que hable del mar”

Portada de "Un poema que hable del mar"



CONFESIONES DE CUALQUIER LÁZARO
I
Cuando cerré los ojos,
todas las orugas y polillas
acudieron a mi boca.
Era un ciego tanteando el aire
en un bosque joven de olivos.

II
Siempre supe que la muerte de un dios
habita en los huracanes y nada puede hacer un hombre
que va solo con el pecho desnudo hacia la tempestad.

III
Nunca fui el hombre viejo que quise,
bronceado mis últimos días en Malibu
cantando La Internacional a la hora de las noticias.

IV
La muerte nunca fue un problema para mis labios,
pero ¿Qué pecado merece el castigo
de dos agonías en un lecho febril?

V
La tumba es la única patria donde los himnos y las banderas
son las supersticiones de lo añejo
y nadie enarbola la esperanza de los caídos.

VI
He aquí mi mortaja para cubrir los mares
cuando el Armagedón quiera envenenarlos.

VII
Cuando la voz tronó al otro lado de la loza,
ya había instalado mi lámpara y mi radio
para escuchar el sorteo de la lotería.


PROFECÍA

Extiendo mis manos y siento abejas en los dedos
que zumban la profecía de los inviernos.

Sus aguijones son el recuerdo de un jardín inmóvil
en la memoria de los girasoles.


LA JIRAFA

La tinta
de Shen Du
se secaba
en el sueño
del emperador.
La jirafa
miraba sobre
la Ciudad Prohibida
y su lengua muda
advertía
de la guerra
y la caída
mientras
el emperador
se dormía
en la tinta
de Shen Du.


ÚNICA POSESIÓN

A todo hombre
le llegará el día
en que su única posesión
serán las fechas.

Las almacenará por las noches,
y quedará viendo el tiempo
pasar inerte detrás de una puerta.


DESCRIPCIÓN DEL ERRANTE

Escribir sobre un zombi  no es nada fácil.
No es de como chupar ojos
o como extraer un cerebro a mordidas.
No.
Fuera muy fácil hablar de eso.

Un zombi es un desolado, un caminante que come recuerdos
porque los suyos los perdió en la carretera.

Los zombis son angostos y con sonrisas invertidas;
les gustan los girasoles
y dormir de pie debajo de la sombra de los pájaros y su noche.

A los zombis les gusta caminar en círculos
y les da miedo las turbas que hierven de odio.

Los zombis son como recién nacidos,
con una lengua infinitamente muda
y ojos sensibles al mundo real.

Nos han dicho que al ver un zombi
no pensemos en nada
para que no olfatee nuestros recuerdos,
de extender los brazos
y hacer con los dientes
el sonido de una campana en llamas.

Lo que no nos dijeron de los zombis
es que son sabios que olvidaron sus anotaciones;
que caminan porque no se pueden enamorar,
que huelen la tristeza
y el único consuelo que tienen
es el tronar de la mandíbulas.

Escribir sobre un zombi no es fácil,
he dicho.
Es igual a que un zombi
describiese los ángeles después de la muerte.

DIALÉCTICA DE LA SEDUCCIÓN

Ven pequeño y señala con tu dedo a todos los que recitan los versos negros de la Perestroika.
Marx nunca fue tan ingenuo como en nuestros días.

Todo importa alrededor de tus manos,  el agua, el fusil y la carne incendiada en los caseríos del sur; sólo pronuncia lo innombrable y el fuego comerá los ojos de los herejes y todo rojo animal.

Ven y siéntate en la silla de los evangelios, donde los hombres son fuertes y tienen el perfil de las monedas romanas, súmate a la legión de los inmolados en el sexo y en las gargantas de  los pent-house´s.

Acércate pequeño marinero de la muchedumbre, cuéntame de tus naufragios en la baba y el ron barato. Salpica todas las verdades y nos ataremos las manos con las flores que producen los sordos  y dentro de su gris folclor.

Tu nombre es nombre de profeta, tu mano empuña la verdad. Solo señala en el mapa las montañas y la mano fría de Dios borrará hasta los cimientos de cada lengua o cada árbol o cada piedra.

No hay confesión en vano, igual como no hay guerra que se desdoble en el azul de las canciones de cuna.

Ven pequeño, no retrocedas, tus manos anfibias buscan un oro incendiario. Los cofres resoban y bajo las sábanas algo se humedece.

Ven pequeño, y te contaré la fábula de la Perestroika


ECLIPSE

De pronto me doy cuenta que todo pájaro
tiene el poder de dejarme ciego
cuando vuela cerca del sol.


MAÑA POÉTICA

Un par de lenguas se desangran en los pórticos
y las muchachas
desnudan a sus camaleones antes de dormir.

La ciudad calla mientras llueve.
La noche es un negro útero que envuelve las avenidas.

Alguien escribe.


EVA BRAUND

Eva Braund bebe té inglés
mientras se firma la ejecución de los judíos.

Eva Braund es una mujer vestida,
metal y plumas de halcón.

Se sienta todas las tardes
a ver la puesta de sol
y a sentir el aroma
que viaja como ruiseñores
desde los hornos de Auschwitz.

Juega con las orquídeas:
                        Guten morgen
                        Seil heil

Eva Braund no tuvo hijos,
sólo noches de encierro y bombas.

Eva Braund creyó morir de amor
en un bunker de Berlín.


SELFIE

Siempre quise ser un Aquiles que derribara ciudades con las miradas y hacer que las Helenas valieran todos los muertos de sus Troyas. En cambio tengo todas mis cóleras en botellas de vidrio y el esqueleto de un renacuajo doblado en mi billetera. Una canción aniquilante me acompaña desde el día que fui dado a luz; reconozco los lugares con la lengua como una bestia ciega, y cada noche es un oscuro dado que tiro con las uñas sobre mi cama.

De pronto tengo insectos en el pecho y mis ojos son de raíces de árboles frutales donde el agua desnuda su rostro al probar astros y gusanos.

Soy y he sido de sonido. Mis trastornos son de flores y leche oscura, mi cabeza es un nido de arañas de luz que tejen mis recuerdos y son devorados por las moscas. De niño fui una orquesta, la vida transcurría y mi abuela cantaba para alejar las voces de mi cabeza. Ya no soy un niño pero las voces enraizaron y  mi abuela no puede leer ya la partitura de esas canciones porque un velo de agua violenta le ha enturbiado la realidad.

Podría contar toda mi vida, contar por ejemplo que fumo demasiado y que nunca tuve una bicicleta, que nunca cultive claveles y que del amor he aprendido muy poco, poquísimo.

Podría, pero es mejor cambiar de espejo o de página, y leer un poema que hable del mar.



TEORÍA DEL CAOS

La T.V. nos cuenta la ciudad
como un gorrión de madera en un bosque en llamas.

Entonces atravesamos las calles
con revólveres y navajas imaginarias,
temblando de oídos
y diciendo rezos con un sabor
a café añejo en los labios.

Todo el que cruza a nuestro lado
es un maniático que abalanza nuestro espíritu
hacia un charco de agujas.
Los villanos de todos los cuentos,
son héroes mitológicos que refrescan nuestras frentes
con el tierno furor de las mentiras.

Hay una lágrima antigua en cada ojo de la ciudad,
una flema insondable
en cada garganta amanecida en el insomnio de las balaceras,
gritos amontonados al alba
y pájaros que presagian un día abominable.

Mientras tanto, en la casa de algún poderoso,
los vitrales siguen inmóviles, estupefactos.
Las trabajadoras domésticas hacen el desayuno,
revuelven los huevos,
tuestan el pan,
ablandan la mermelada
y recogen el diario de los jardines.
Todo para que en la mesa sea perfecto,
como una canción de verano en una isla.

Portada de "Así tu cuerpo" publicado en 2013

Armando Maldonado, Nació en Tegucigalpa en 1983; es poeta y gestor cultural. Fue fundador del grupo literario Máscara Suelta, miembro del Colectivo de Poetas PaíspoEsible y del Taller de Poesía “Edilberto Cardona Bulnes”; ha publicado “Así tu cuerpo” en 2013 y “Un poema que hable del mar” en 2016, ambas muestras de poesía fueron editadas por Editorial La Chifurnia de El Salvador. En 2013 recibió una Mención Honorífica en el Premio Bienal de Poesía “Rubén Darío” otorgado por el PARLACEN.

16 noviembre, 2015

Samuel Trigueros “Escribo mientras se desherrumbran las certezas”

                                                           El poeta Samuel Trigueros en una foto de Fabricio Estrada                         

La poesía de “Exhumaciones” es un retrato de esa Honduras que se oculta a propios y a extraños, una voz que teje los fragmentos de una época para no olvidar las humillaciones del poder.

Más allá de un testimonio sobre un tiempo, más allá del instante en que el asco arrasa la fe; más allá de esa alucinación que quiere imponer su simbología o su eslogan como una receta para curar al mundo del desamparo y lavar con desinfectante el idioma de la humillación; ahí donde la belleza de la poesía asiste y exige que demos la cara a pesar que nuestras manos de manera grotesca se alarguen tratando de ocultar nuestra vergüenza; entre la cal que cubre la pudrición y la mirada del emisario de la Orden Superior, se destiñe una escritura de un libro: “Exhumaciones” del poeta Samuel Trigueros.

Esta es una poesía que merece todos los calificativos de la negación y todos los verbos cuya acción sea depredar las sombras con la fiereza oculta de la ternura y la exigencia de abrirse paso hacia la luz. Un libro como este, hondo, visceral, sórdido, lacerante, sólo puede escribirse desde la necesidad misma que el amor dispone.

He pasado la noche leyendo “Exhumaciones” de Samuel Trigueros y me parece tan vano que yo me detenga a comentar sobre su fascinante estructura formal y osadía que desencadena un poeta que ya no quiere ser visto como un sacerdote de la belleza, sino como un vaho de un mundo en ruinas, como la palabra grotesca de nuestras máscaras y errores y horrores con los que empedramos esa luminosa avenida que da al altar de la hipocresía histórica.

Exhumar un país, exhumar la poesía. Exhumar la fe. Exhumar los caminos que nos llevaron hacia la nada o a la complacencia. Releer nuestra propia vida como el despojo de los falsos dioses con los que remendamos nuestros pedazos para decir que fuimos banderas de una causa. Y Helen Umaña es más certera en un comentario sobre este libro de Trigueros:hay poesía. Pero no de la que surge para ser complaciente con las tendencias de moda, sino de aquella que implica un modo de vida, una actitud que responde a los estratos más profundos de la conciencia. Samuel Trigueros, en desesperada catarsis, en descenso de vértigo, ha atravesado las capas más recónditas del yo y ha extraído cadáveres y fantasmas. Algunos, de antiguas señas. Otros, de recientes días. Todos, de persistente insidia.”

Cuando se lee un poeta como Trigueros, uno vuelve a replantearse la manera de hacer poesía de las nuevas generaciones; no duda en darle ese lugar que le corresponde a un poeta de verdad; pero también uno se ve en el fondo del descubrimiento que es imposible dejar de leerle sin leerse uno mismo, pues su indagación es universal y la fiereza de este libro está más allá de esa rabia hermosa personificada en una causa que insiste en la esperanza; lo digo porque esa insistencia en la esperanza que da la cara en “Exhumaciones” no sirve de néctar para las utopías porque no viene de los paraísos perdidos y su promesa de tiempos mejores, más parece un ácido que anuncia con sus notas densas que nada debe ser complaciente en nuestro tiempo. La tragedia es de este modo arma calibrada con la complicidad pública. La autoría de la desgracia tiene responsables precisos, residencias hermosas, cuentas bancarias y cementerios clandestinos, muertos ya para siempre muertos sobre el vertedero de la estrella que un día nos prometió el idilio y la añoranza.

Poesía de las causas que no se perdieron sino que nos momificaron, expone su magnífica precisión en el poema breve cuando el lenguaje exige una expresión minimalista y el buen manejo del poema extenso que no se sostiene en estructuras de facilismo conversacional sino en la fuerza de unas imágenes que sin ataviar al poema de barroquismo o densidad conceptual organizan un discurso elaborado bajo una conciencia reflexiva de un yo poético que no se permite otro destino sino el de la autodestrucción como arma letal para defender la poca luz que vomita su corazón. Esta vocación de la poesía de Trigueros es luminosa, humanista y a la vez trágica, pero no es la tragedia en el sentido clásico donde dioses y hombres están marcados de una vez y para siempre, aquí la tragedia ya no puede ocultarse como la maldita ermitaña del existencialismo trasnochado en los umbrales de la postmodernidad y entre los fuegos fatuos de un arte cada vez más cercano al servilismo de la comunicación pura o de la publicidad o de la institucionalidad o de la praxis de un poema o de un ideal de poeta que es referencia de la cultura (¿Cuál cultura?) sino que es una tragedia acumulada en los intentos de la civilización, y en el caso de nuestro país, en la suma de las frustraciones, de las utopías; en la descomposición de lo inacabado, el ruido maloliente que abona las hermosas rosas que decorarán esa gala a la que nunca fuimos invitados como ciudadanos de un país en desgracia.

El mérito de “Exhumaciones”, aunque la palabra “mérito” no es precisa aquí, pues todo desemboca en una lacerante lectura de nuestras vergüenzas históricas y de la vergüenza propia, el “merito”, digo, y arde mi conciencia, es la de una poesía y la de un poeta que aterrado por su época, no dudó en cruzar el infierno de los ideales pudriéndose en su pecho y nos dio de las sombras más hondas el filo de la luz para cortar, sin venganza, la cabeza de los ídolos que custodian nuestros sueños, nuestra idea de futuro y de esperanza.  



Yo imagino que escribir este libro para Samuel Trigueros, más que catarsis y experiencia estética, fue un descenso descarnado hacia las interrogantes que aplastan la vida y que el poeta de él no tiene esa vanidad de la satisfacción del deber cumplido, de obra artística de primer orden, ni de la excentricidad de cierto realismo sucio, sino la inaudita tentación de una forma de la belleza que nadie desea como invitada.

Portada del libro de poesía Exhumaciones


Poemas de Exhumaciones de Samuel Trigueros



ARS POÉTICA

Acaso dirán que es locura o capricho
Escribo sobre la piel del desencanto
Acaso dirán que es hastío
Escribo en medio de los huesos
de las horas devoradas por las hienas
Acaso dirán que es cobardía
Escribo con la tierna violencia de mi testamento
Acaso dirán que es cansancio
Escribo mientras se desherrumbran las certezas
Acaso dirán que es soledad
maníaca inconclusa
Escribo con mano que el temblor
multiplica en las ojeras
Acaso dirán que es insomnio
Escribo desde el ojo del huracán
de las inconformidades
Acaso dirán que es tedio

Escribo desde la hirviente gusanera
de los días muertos
en sus vapores de oro
¿Acaso dirán que son los estertores?
Escribo para un tiempo que aún
no han inventado
Acaso me dirán emo romántico spleen
Escribo escribo con cables de titanio
que te costuran la boca
Acaso dirán ¿acaso dirán algo?
No hay más.
Me voy
y piso los lagares
me embriago de partidas
paso
flotante
sobre el recinto de tus imprecaciones.



CONFESO

Yo sé que la verdad del corazón
no me la dices.
Yo tampoco te la digo.
Ambos jugamos
este juego de sombra y seducción,
de ocultamientos;
ambos inventamos estrellas
para esconder del otro sus escorias.
Somos felices,
tragando en cada beso
la esencia del pantano,
creyendo que al entrar
uno en el otro
entramos
al reencontrado paraíso.


EL FÉNIX

¿Cuándo iniciamos este fragor?
¿Cuándo
del sueño y de la carne míos
hiciste tu materia
y la incineraste
en fabulosas llamas?:
único esplendor
de una vida precaria.
¿Cuándo es de ti
o de mí,
Poesía,
la constante ceniza que renace?




OH, FORTUNA,
EMPERATRIZ DEL MUNDO

A los mártires

Nosotros todavía usamos gafas en los días soleados
para soportar el resplandor
de la vida.
Nosotros todavía
maldecimos bajito en nuestro pequeño auto
de tercera o cuarta
durante el congestionamiento de las siete
o entre dientes en el micro (por aquello
de no ofender los amanecidos restos rancios
del dios que todavía cargamos en el alma).
Nosotros todavía buscamos un trabajo
entre los escombros del día o de la noche
para llevar la maravilla del pan a nuestros hijos.
Nosotros aún somos capaces de correr
–sentir la sangre a borbotones
sudar como caballos solares
jadear como una reluciente máquina
sentir el rojo corazón -
cuando nos siguen los soldados
y luego en el refugio reír asegurar que ya
nos hacía falta un poco
de lacrimógena vencida.
Nosotros todavía buscamos los paraguas
cuando la tetona de CNN anuncia la vaguada.
Nosotros todavía soñamos elevar cometas
en el aire de octubre cuando todo haya pasado.
Nosotros todavía
planificamos llevar nuestra bandera
el bote con vinagre pañoleta
gorra con estrella y ardientes consignas en el pecho
el día de la marcha.
Nosotros aún
leemos escribimos conspiramos
queremos ver la era del poder en nuestras manos.
Nosotros –se los digo hermanos
hermanas compañeros-
somos los afortunados.
Los demás se han ido sin dejarnos
resisten
(desorganizados
desmovilizados
por la muerte y su peso reprimidos)
bajo siete cuartas
en la eternidad del polvo y las estrellas
deseando
silenciosamente deseando
estar a nuestro lado
en la rugiente luz
de la vida y la batalla.



A FRONTE PRAECIPITIUM
A TERGO LUPI

Entro a la noche de tu mudez, de tu desnuda negación, donde la abeja deposita un polen de tinieblas para el devocionario de la ausencia.
Entro a la noche, a su bajel calafateado en que las moscas celebran funeral perpetuo para la utopía.
Entro a la noche, a pesar del delirio de las horas que penetraron en luminosas cuchilladas hasta la médula de la necesidad y del deseo.
Entro a la noche. Soy el astronauta desolado, el pastor de las constelaciones, cuya frontera está en las líneas de tu mano.
Entro a escribir una epístola imprecante al guardagujas incorruptible de la muerte.
Entro a la noche a bendecir con mi traje de llamas la indómita floresta del cierzo.
Entro a la noche como a los intestinos del cadáver sepultado en el corazón secreto de tu patio.
Hago girar tu nombre en sílabas y entro al abismo con mi lámpara de quásar. Estoy cauterizando el aire que dejó el censor de los abrazos. Te voy a perforar la piel con luz, como un huésped que transparenta con palabras las paredes del misterio.
Afuera arde la cisterna de las horas y en nuestro pecho brilla, incesante, la anunciación de la mañana.




 PIGS
“He visto amigos que Circe volvió cerdos. Su rueda, su diamante.
Los cerdos no saben mis abrigos, mercenarios de las sombras”
Edilberto Cardona Bulnes

He degollado cerdos, pero Circe insiste en multiplicarlos. Ellos eran los mercenarios de la educación, los mercenarios del arte, los mercenarios de las relaciones públicas, los mercenarios de la publicidad y del mercado; ellos eran los mercenarios de la poesía: hacían tornillos, amistades, versos; se ponían trajes y aretes, asistían al gimnasio de la conveniencia, pesaban clavos y cemento en la balanza chueca de la voracidad; dejaban tras de sí un perfume exquisito bajo cuya alfombra yacían los cadáveres. He degollado cerdos que Circe resucita y los emplea en la administración de los nuevos paraísos artificiales, en la distribución de miasma. Collares de ajo dio Circe al empleado del mes, palmaditas en el ego, interminables fricciones en la comisura del glande por donde un líquido salía y quemaba el orbe. Oigo las gárgaras de mis cerdos degollados, continuamente suturados, sanados con emplastos de hipocresía, con bálsamos de lujuria destilados de la bombilla roja. Eran, medianamente, revolucionarios: tenían todos camisetas rojas, volúmenes incunables de El Capital; todos se habían tragado las ochenta y siete horas de “The cure of insomnia” y en sus cabezas brillaba la mitra del mercado. A veces –sobre todo contra la melancólica luz de los atardeceres- sufrían ataques terribles de ternura, conceptual y metódica. Entonces era fácil verlos de puntillas evitando masacrar a las hormigas o extinguir los geranios. Expertos en hacer la ola a espaldas del corazón de los océanos, ellos, ellos, domesticaron el ardor, taponaron con eslóganes los cráteres humeantes, pusieron válvulas finísimas a la protesta, aceleraron el motor de la pubertad; apuñalaron el misterio con Comisiones de la Verdad, empalaron a los juristas, fundaron la oenegé del asco, ellos, ellos, los cerdos que degollé entre líneas, los cerdos, los bohemios de ojos glaucos que derramaron espejismos entre los barrotes de mi celda, los cerdos que doraron la concupiscencia de los diplomas y la diplomacia, los cerdos que cantaron engolados con radiofónica voz en mi funeral, los cerdos que reclamaron derecho de pernada en mis bodas con la eternidad, los cerdos que patrocinaron mi tristeza para ver el anuncio de mi desesperación, los cerdos, los cerdos, los cerdos, ciertos amigos, cerdos a los que degollé sin saberlo, hasta ahora que los he perdido y veo devorar los manzanos maduros que caen como galaxias rojas del árbol que alimenté con paciencia y con el resplandor de mis huesos.




EN EL ANDÉN

Que mis poemas no sepan cuando haya muerto.
No se lo digáis. Que ellos
sigan viviendo en los bosques perennes,
lejos de los cazadores furtivos.

No hubo otro camino que pudiese tomar.
Todo me condujo aquí. Con esfuerzo
y, a veces, blandamente
como una brizna sobre la corriente.

Alguna vez fui carpintero, maestro,
constructor de cometas,
pintor ecléctico, predicador de una capilla
donde una chica hizo arder mi corazón
como en el mismo infierno;
frutas de todas las temporadas
pregonó mi voz,
crucé a nado como un tritón
incontables ríos y en algunos
vislumbré la muerte;
peleador callejero, conferencista de arte,
editor, lazarillo
de diversos ciegos,
mas todo me llevó a este deslumbramiento.

No hubo elección.
Sólo un reconocerse
en el centro del misterio.
Incluso estas palabras
provienen de ese hechizado territorio.

De pronto, un día, los astrolabios
se quedan sin estrellas
y los esquiroles declaran su incompetencia
pues desconocen mi lenguaje.

Como el sol es ley para los jardineros,
así para nosotros que aspiramos
la flor fugaz de la existencia.

Y oscurece.

Cuando haya muerto que no lo sepan mis poemas.
Susurrantes como hojas
del profundo corazón de un bosque impenetrable,
lejos de los cazadores furtivos,
sigan viviendo.